Lengua, cultura y política son hechos sociales totales, por así decirlo, y vinculados. No tiene sentido pensarlos por separado. Las relaciones de poder se hacen visibles en los usos linguísticos y en eso que llaman la convivencia intercultural. No existe ninguna relación armónica en tal convivencia, y pensar lo contrario es mentir o autoengañarse. Sumergidos como estamos en una estructura económica planetarizada caracterizada por profundas desigualdades, asimetrías y exclusiones, la ilusión de armonía y pose equidistante a la hora de reivindicar los derechos económicos, linguísticos y culturales recogidos en el pacto internacional firmado en 1966 por la asamblea de la ONU, no es más que una nueva ideología colonial. Podría denominarse como aquello que tan lúcida y precisamente Edward Said llamaba las estructuras de actitud y referencia que marca el imperialismo cultural.
Recuerdo que en mi estancia anual como alumno Erasmus en la ciudad de Braga, en Portugal, y concretamente en la Universidade do Minho, tuve la suerte de poder asistir a una conferencia que cambió por completo mi concepción del mundo. La conferencia llevaba por título The power of narratives and the narratives of power, y en ella, filósofos, sociólogos, filólogos, traductores, historiadores y comunicadores, en una fecunda colaboración interdisciplinar e internacional, reflexionaron largo y tendido sobre la íntima relación de su actividad científica con las relaciones de poder establecidas en el propio espacio geopolítico donde se realizaban profesionalmente o impartían docencia. Reflexionaron, también, sobre la constante instrumentalización que estas relaciones de poder ejercen sobre la producción y transmisión de conocimientos propios de su área docente, así como sobre la retórica aparentemente neutral con la que esta relación de instrumentalidad trataba de justificarse.
1- No existen palabras sin organizaciones. La semántica y la estructura formal del discurso tienen una cocina institucional desde la que se prepara el nuevo caldo ideológico para imponer una representación totalizadora de la realidad.
2- Es imposible capire il potere y cómo este se estructura y reproduce sin tener en cuenta que éste se fortifica y relaciona a un plano inter-nacional.
3- Los cánones de las tradicionalmente llamadas literaturas nacionales acaban excluyendo a aquellos que no encajan en el mismo. Es necesario universalizar epistemologicamente el estudio del hecho literario estableciendo relaciones comparativas y complementarias.
4- Existe una fuerte tendencia a pensar la política sólo en términos jurídicos. El formalismo jurídico tiene severos límites, así que es necesario pensar la democracia en otros términos - supongo que éticos -.
5- Para hacer reflexión social seria, substantiva, sólida, hai que escapar de eso que los Portugueses llaman la saudade nostálgica, así como de los modelos formalistas y estáticos.
6- Las vueltas al pasado, en la reflexión social, no son posibles, pero prescindiendo de la aportación de una historiografía seria, ésta no tiene sentido.
7- La traducción de cualquier discurso debe hacerse siempre a posteriori, revisitándolo desde el principio hasta el final, puesto que la llamada traducción simultánea limita mucho la comprensión plena y contextualizada
8- En el futuro, las ciencias sociales y linguísticas tenderán a unirse en una sola.
9- En su tiempo, fue la literatura quien alimentó al cine de sus primeros recursos narrativos. Esa relación, hoy, posiblemente, se ha invertido.
8- En el futuro, las ciencias sociales y linguísticas tenderán a unirse en una sola.
9- En su tiempo, fue la literatura quien alimentó al cine de sus primeros recursos narrativos. Esa relación, hoy, posiblemente, se ha invertido.
Partiendo de estos nueve puntos no es difícil concluir que la sociología necesita de la sospecha, por así decirlo, como su leitmotiv creativo; ni el filologismo, esa insana tendencia a considerar que los conceptos y las palabras no están manchaditas y son politica e institucionalmente inocentes, ni la obsesión provinciana por denunciar las estructuras de poder del propio espacio nacionaldesvinculándolas de su relación con el espacio internacional, ni la crítica literaria centrada sólo en destacar las particularidades de la narrativa nacional y remisa al comparativismo literario con otras literaturas, ni la concepción más formalista, protocolaria, del derecho, desprovista de horizontes éticos y ecológicos, ni la concepción quietista y estática de la realidad re-actualizada bajo nuevas formas de conformismo reaccionario y romanticismo dulzón, pueden ayudarnos a configurar un espacio secular, por así decirlo, a partir del cual empezar a reflexionar seriamente sobre la raíz, situación y horizonte de la civilizatio neoliberal. Particularmente, me afecta y me enfada profundamente el ver cómo en España la Iglesia católica y el sistema bipartidista siguen relacionándose en un clima de doble moral calculada en el que la primera, la iglesia, critica al poder temporal mientras le reclama sus injustificados privilegios educativos, administrativos y económicos, y el segundo, el estado, incluso desde sus sensibilidades más social-liberales, mantiene los mismos al mismo tiempo que escenifica públicamente su malestar con algunos de los muchos exabruptos de la conferencia episcopal. Y lo de exabruptos es un eufemismo calculado por mi parte para no utilizar palabras mucho menos biensonantes.
No considero, ni mucho menos, que en el principio fue Dios, o que en el principio fue el verbo. Ni la teología ni la filología son santas de mi devoción y tiendo a considerarlas a día de hoy como - limitadas, como todo - herramientas para capire la realitá. La espectacularización o mass-mediatización de los escritores y del mercado internacional de la literatura y el cine más in, tampoco me parece muy sana, puesto que ésta tiende a utilizarse como artefacto afectivo, por así decirlo, para imponer corrientes de opinión pública - esto es, política - de modos mucho más sutiles y menos descaradas que la propaganda, y en las que los escritores suelen aparecer como comisarios del gusto cultural de turno. Jamás hubiese pensado, en mi vida, que llegaría a sentir la necesidad de entender y producir narrativas visuales así como de acercarme al documentalismo político y al fotoperiodismo para poder escapar como las liebres de la violenta omnipresencia de la propaganda en todos los espacios habidos y por haber de la vida cotidiana.
Todo lenguaje tiene límites, pero nosotros somos, en última instancia, como sujetos, los que activamos las posibilidades que nos ofrecen y cómo y para qué utilizarlos. Necesarias habilidades para tiempos de barbarie y propaganda continuada. Imaginar otros mundos es más fácil deconstruyendo a la mentira oficial desde todos los frentes. A esto, en mis tiempos, se le llamaba imaginar. Creo que, ahora, también. Sucede, claro, que para imaginar hace falta ser sensatos con los límites y posibilidades de los instrumentos que utilizamos.









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