viernes, 11 de abril de 2014

Memoria : patrimonio común de la humanidad


No sé si a alguien le parece significativo. A mí, por lo menos, me parece materia de reflexión. Me refiero, concretamente, al enfrentamiento de los hijos de Martin Luther King por su memoria. Al que aquí escribe, no le extraña en absoluto. Recientemente pudimos darnos cuenta, después de la muerte de Nelson Mandela, de que la familia de Madiba tiene también serias reyertas internas con el fantasma del premio nobel de la paz. Hay muertos, al parecer, más vivos que muchos vivos.





Resulta como mínimo sospechoso que las familias de tantos y tantos personajes públicos importantes en la historia cultural de un país sean fruto de una lucha fratricida entre la voluntad de los oportunistas de turno por re-significar politicamente su vida y obra y la voluntad de los familiares de turno por hacerse con los derechos de autor - y monopolio interpretativo - de la vida y obra del difunto. En el fondo, todo es más simple y cutre de lo que parece : los estados y sus gobiernos siempre re-escriben y re-interpretan el legado de los personajes públicos arrimando demasiado el ascua a su sardina, sobre todo cuando se trata de personajes que canalizaron altas dosis de esperanza y emociones colectivas en el pasado reciente; por su parte los familiares de estos personajes públicos, en muchas ocasiones, acceden a la presión de los grandes medios, de la industria cultural y de las administraciones de cultura vendiendo por cuatro duros el legado inmaterial del difunto, sin importarles si éste se transmite con un mínimo de veracidad y rigor histórico.
¿ Es esto algo nuevo ?. No; en realidad, empieza ya a ser un lugar común bastante interiorizado en la sociedad civil eso de que la memoria es una construcción social en la que los medios de reproducción técnica y los intereses corporativo-políticos contribuyen en gran medida a generar el rudio, la confusión, la manipulación y la propaganda que les interesa para proceder al total vaciamiento político del sujeto y de su relación con la comunidad. Lo que parece no ser un lugar común, al menos juzgando sus líneas editoriales y contenidos, es la necesidad de que esa profesión que llaman periodismo deje de ser lanzadera para cuenta cuentos y opinadores expertos en nada para reconvertirse en lanzadera de comunicación social sin cortapisas ideológicas a la hora de establecer los marcos y los discursos posibles. No se trata, ni mucho menos, de apostar por un post-moderno todo vale, sino de establecer unos criterios claros que sepan diferenciar lo que es analísis partiendo de hechos de mera propaganda a bombo y platillo.
Como en política, aquí también chocan la lógica de lo posible, que opta por hacer lo que se pueda dentro de estructuras mediático-políticas ya viciadas de antemano por criterios empresariales, con la lógica de lo deseable, que opta por adoptar esas mismas estructuras a la pluralidad real de visiones existentes en la sociedad civil. Es rotundamente imposible llegar a consensos claros que no oculten las disidencias subyacentes en los mismos, sobre la vida y obra de Martin Luther King, por ejemplo, o de Mandela, o de Salvador Allende, o de cualquier otro personaje público especialmente relevante en la historia colectiva de cualquier país, si la lógica clánica del interés/conflicto familiar , de la industria cultural de masas y del interés instrumental y cortoplazista de los gobiernos interceden y escogen, selectiva y meticulosamente, qué investigadores y en qué marcos y lenguajes pueden interpretar la vida y obra de Martin Luther King... y qué investigadores, marcos y lenguajes excluímos silenciosamente del debate. La intención, en este criterio selectivo y silencioso, es tan profundamente política como es el ensordecedor y delirante ruido mediático de la propaganda.
La memoria es, debería ser, patrimonio común de la humanidad, no sólo aquella que va sedimentando poco a poco en el imaginario colectivo de los pueblos, sino aquella que, en el presente, construímos esforzadamente como muro de contención a la propaganda. Que la neutralidad es una quimera, pocos, cada vez menos, lo dudamos a estas alturas de milenio, pero confundir la parcialidad de la mirada con un supuesto derecho no escrito a no contrastar empiricamente ni someter a crítica los propios argumentos, conformándose tan solo con verbalizarlos sin oposición discursiva, flaco favor hace a la Justicia, a las libertades civiles y a la democracia.




martes, 8 de abril de 2014

Clausurar el postmodernismo - y la postmodernidad -



"Contra la censura : ensayos sobre la pasión por silenciar". Si de querer entender la complejidad del fenómeno se trataba, esta colección de ensayos de J.M Coetzee cumple satisfactoriamente el objetivo y, además, aporta luminosas intuiciones en tiempos de sectarismo, hiper-susceptibilidad ideológica y vacua retórica postmoderna :
"La Censura es un fenómeno que pertenece a la vida pública, y su estudio abarca varias disciplinas, entre ellas el derecho, la estética, la filosofía moral, la psicología y la ciencia política".

Con esta voluntad arqueológica e interdisciplinar empieza el premio nobel surafricano su soberbio ensayo. Es, contra la censura, uno de esos libros que llegan a doler por la luz que contienen. Es, también, uno de esos libros que llegan a convencerte de que no hay mejor manera de entender algo que desear profundamente entenderlo... y someter ese deseo a cierto rigor metodológico.
Deseo y rigor tiene, también, esa joya de Alex Ross que lleva por título El ruido eterno : escuchar el siglo 20 a través de su música. El intento de Alex de entender la triste y loca historia del siglo pasado recorriendo el paisaje de las emociones y partiendo del lenguaje más profundo creado por esta loca especie - la música -, empieza en la Viena y en el París de preguerra, en los años 20, pasa por la Alemania hitleriana, la Unión Soviética... y llega al Nueva york de los años 60, acabando su recorrido a finales de los 80.



Hay algo realmente edificante en el libro de Ross, y es su intención de mostrar las tensísimas relaciones entre el arte, como pulsión creativa, y su recepción social y política, con toda su carga de valoraciones morales e ideológicas incorporadas. Las repulsiones y afinidades electivas entre compositores y su vínculo emocional con otras artes como la poesía, la literatura y la pintura, también forman parte de ese poliedro afectivo que Ross reconstruye con una prosa ágil y amena.
¿ Qué tienen en común el libro de Coetzee y Ross ?. A mi modo de ver, que forman parte de esa clase de libros que Eduardo Galeano adjetivaría como sentipensantes. Libros escritos con mucha pasión y con mucha voluntad de ir a la raíz del asunto.Libros que desestabilizan, provocan, saliéndose de los moldes cognitivos y afectivos interiorizados como verdades impepinables por cierto sentido común tranquilizador, y respondiendo a las mentiras impuestas por hábito mental, o por la fuerza, con nuevos modos de entender - y sentir - la realidad, haciendo de la crítica cultural y el ensayo todo un acto de creación, una libertad radical en la mirada.






Que yo recuerde, fue la lectura de Mirar y Otro modo de contar, de John Berger, así como también Estilos radicales, de Susan Sontag, lo que me hizo caer definitivamente de mi confianza ciega en las palabras. Esa caída del paraíso en el que el principio fue el verbo, es una caída dura, traumática, incluso, pero uno se recupera sumergiéndose en otros tipos de lenguaje como el fotográfico, el musical, las artes plásticas y visuales. Los seres humanos no soportamos la nada. Estamos constantemente reinventando nuestro modo de entender y sentir el mundo, y por muy tranquilizador que pueda sonar el imperativo de que debemos aceptar nuestros límites, si hai algo que una mirada lúcida y curiosa no puede soportar es precisamente eso, aceptar los susodichos límites para justificar su impotencia creativa. 
Si el vacío del silencio impuesto por la fuerza y la violencia es lo característico de la civilizatio neoliberal, tanto como lo es el vacío del ruido y desfragmentación mediática impuesta por la corporativización privada de los medios de reproducción técnica del mensaje, sólo nos queda confiar en el ruidoso silencio del arte y en los clásicos valores de libertad, igualdad, justicia y búsqueda de la verdad que agrupan a lo más honesto que pueda quedar del pensamiento ético y político en occidente. Limpiar - por así decirlo - a las artes, a las ciencias sociales y a las humanidades de la gran carga de residuos eurocéntricos que han acumulado durante siglos de pensamiento y práctica colonial, debería ser una tarea lo suficientemente amplia, seria y paciente como para tomarse el aventurerismo revolucionariocon un poco más de calma.
A las ciencias sociales, a las artes y a las humanidades, digan lo que digan sus representantes académicos, hay que aprenderlas también a mirar de otro modo y sacarlas de la torre de marfil de sufilologismo, puesto que no hay acto cotidiano más mediado por los imaginarios y los medios de reproducción técnica del mensaje que ese - aparentemente - intrascendente acto de mirar las cosas. 
Y para muestra, un botón : Margaret Bourke White. Se necesita, realmente, una sensibilidad especial, para capturar en tan poco espacio la materialidad y el espíritu - por así decirlo - que subyace a la propaganda de la American way of life : Una larga cola de negros en paro. Caras de circunstancias y tristeza asumida. Por encima de sus cabezas, un cartel enorme visualizando el prototipo ideal de vida que ofrece la fábrica de sueños de Lady América : una familia nuclear, heterosexual, de piel blanquita, dentro de un coche y camino de un picnic dominical. Sus crucifijos remarcando el hecho de que su amor ha sido gestionado por la vía confesional. Su parejita, hijo e hija, detrás del asiento, con relucientes sonrisas de felicidad. Como no, tampoco podía faltar el automóvil, símbolo de independencia y autonomía indidivual, para completar la cuadratura del círculo. En la parte inferior del cartel, la frase sentenciosa, arrogante y lapidaria : There's no way like the American way of life!. Toda una propuesta civilizatoria de felicidad colectiva con principio, nudo y desenlace final. Por supuesto, con final feliz y victorioso, faltaría más.



Nuestra vida cotidiana está llena de este tipo de sugerencias impositivas formalizadas con propagandística sutileza, de este tipo de poder blando que nos está sugeriendo, constantemente : Sé normal. Sé como ellos. LLeva una vida decente. Desde el ámbito familiar, las instituciones educativas, la sociedad civil, el mundo del trabajo... esta propaganda permeabiliza poco a poco las relaciones humanas, por mucho que queramos ignorarlo u ocultar el problema, y el código que subyace es muy fácil de descrifrar : No te atrevas a tomar tus propias decisiones. No te atrevas a guiarte por convicciones profundas y razonadas. Averguénzate de quien eres y de la vocecita que late en tu interior. ! Estás solo !. Son códigos funcionales, al fin y al cabo, a las pautas de conducta que sostienen a todad una sociedad gobernada por el hiper-consumo y el miedo.
Ya hace mucho  tiempo que existe un fuerte consenso simbólico y cultural en la sociedad civil, y desde muchos frentes y disciplinas, sobre la necesidad de abandonar ipso facto un horizonte civilizatorio sin salida, que no es otro que el camino único que marca la concepción del progreso en clave futurista y economicista de nuestras ultra-liberales democracias, y que choca rotundamente con una visión más circular y abierta del tiempo. Circular, porque el mundo secular tiene su propio sístole-diástole, sus propios tiempos vitales, que son los que empujan desde la tradición cultural adquirida y la recepción de la misma. Abierta, porque no hay nada más absurdo que hablar de universos estáticos y mecánicos, ni del cielo para arriba, ni del cielo para abajo. Para muestra, un botón : los aforismos de Jorge Wagensberg. El milenio huérfano de Boaventura de Sousa Santos y los ensayos de John Berger. Es, como mínimo, esperanzador y luminoso, el ver como un físico, un sociólogo y un artista pueden caminar por los mismos senderos contra-hegemónicos y compartiendo los mismos diagnósticos que he mencionado al principio del párrafo.



En nuestro modo de interpretar receptivamente las tradiciones culturales adquiridas, así como en nuestro modo de usarlas para generar espacios, mentales y sociales, de autonomía, solidaridad y cooperación mutua, es donde nosotros aparecemos ante los demás como lo que ya somos : seresnuevos que conviven en lógica tensión entre lo viejo y lo nuevo que aún no hemos sido capaces de materializar. Asumir esta contradicción y esta tensión es necesario si uno quiere realmente sentirse parte activa en una nueva política y en una nueva cultura. No hace falta recordar, desde luego, que cualquier tradición cultural en el que el valor de la persona y su autonomía, así como sus derechos fundamentales, están por debajo de su conservación o interpretación canónica, no merece ser, ni conservada, ni reinventada. Dá verdaderos escalofríos el hacer una mirada retrospectiva en la historia de la humanidad, puesto que en nombre de muchas concepciones del mundo tradicionales, supuestamente intocables, se han cometido una miríada incalculable de violencias y brutalidades, pero también, en oposición a éstas, el ser humano ha sido capaz de imaginar e inventar modos de pensar y modos de hacer para resistir solidaria y colectivamente.
Ya no hay vuelta atrás. Las salvaciones individuales, demostrado está, devienen tarde o temprano en nuevas formas de cínico y reaccionario conservadurismo e incluso desestructuran profundamente los vínculos de solidaridad más básicos y cotidianos de las comunidades. El reto que - creo - deberíamos afrontar en este recien entrado siglo, no creo que sea muy diferente de los retos que se propusieron los sociólogos, psiquiatras y pedagogos como Marx, Frantz Fannon o Paulo Freire. Por muy post-lo-que-seaque quiera ser un sujeto, siempre tendrá que vérselas conflictivamente con muchas traditios del pasado, con su momento presente y con su afán de trascender y humanizar lo dado.
Mi propuesta cultural, desde un punto de vista genérico, es el siguiente : clausuremos arrogantementea la postmodernidad auto-satisfecha, sonríamos a postmodernos sinceros - sin tomárnoslos muy en serio -, y sigamos generando otros horizontes. Hoy, es posible, no saldremos en la tele. Mañana, seguramente, tampoco. Pero, estoy seguro, después de nuestra vida física, nuestros hijos seguirán tratando de entender el mundo con Marx, con Fannon o con Paulo Freire.





domingo, 6 de abril de 2014

La imaginación - y sus límites -


Lengua, cultura y política son hechos sociales totales, por así decirlo, y vinculados. No tiene sentido pensarlos por separado. Las relaciones de poder se hacen visibles en los usos linguísticos y en eso que llaman la convivencia intercultural. No existe ninguna relación armónica en tal convivencia, y pensar lo contrario es mentir o autoengañarse. Sumergidos como estamos en una estructura económica planetarizada caracterizada por profundas desigualdades, asimetrías y exclusiones, la ilusión de armonía y pose equidistante a la hora de reivindicar los derechos económicos, linguísticos y culturales recogidos en el pacto internacional firmado en 1966 por la asamblea de la ONU, no es más que una nueva ideología colonial. Podría denominarse como aquello que tan lúcida y precisamente Edward Said llamaba las estructuras de actitud y referencia que marca el imperialismo cultural.


Recuerdo que en mi estancia anual como alumno Erasmus en la ciudad de Braga, en Portugal, y concretamente en la Universidade do Minho, tuve la suerte de poder asistir a una conferencia que cambió por completo mi concepción del mundo. La conferencia llevaba por título The power of narratives and the narratives of power, y en ella, filósofos, sociólogos, filólogos, traductores, historiadores y comunicadores, en una fecunda colaboración interdisciplinar e internacional, reflexionaron largo y tendido sobre la íntima relación de su actividad científica con las relaciones de poder establecidas en el propio espacio geopolítico donde se realizaban profesionalmente o impartían docencia. Reflexionaron, también, sobre la constante instrumentalización que estas relaciones de poder ejercen sobre la producción y transmisión de conocimientos propios de su área docente, así como sobre la retórica aparentemente neutral con la que esta relación de instrumentalidad trataba de justificarse.


Como conclusiones genéricas a las que se llegó al final de la conferencia, no cabe resaltar ninguna novedad : no existe una forma, digamos, propiamente científica, para entender el poder, pues éste tiene muchas dimensiones, El poder está siempre latente, escondido, y los discursos que genera tienen como motivo profundo el silenciar el conflicto o hacerlo invisible. Repasando las viejas notas que tomé en aquella conferencia me llaman la atención las siguientes afirmaciones :
1- No existen palabras sin organizaciones. La semántica y la estructura formal del discurso tienen una cocina institucional desde la que se prepara el nuevo caldo ideológico para imponer una representación totalizadora de la realidad.



2- Es imposible capire il potere y cómo este se estructura y reproduce sin tener en cuenta que éste se fortifica y relaciona a un plano inter-nacional.




3- Los cánones de las tradicionalmente llamadas literaturas nacionales acaban excluyendo a aquellos que no encajan en el mismo. Es necesario universalizar epistemologicamente el estudio del hecho literario estableciendo relaciones comparativas y complementarias.


4- Existe una fuerte tendencia a pensar la política sólo en términos jurídicos. El formalismo jurídico tiene severos límites, así que es necesario pensar la democracia en otros términos - supongo que éticos -.



5- Para hacer reflexión social seria, substantiva, sólida, hai que escapar de eso que los Portugueses llaman la saudade nostálgica, así como de los modelos formalistas y estáticos.
6- Las vueltas al pasado, en la reflexión social, no son posibles, pero prescindiendo de la aportación de una historiografía seria, ésta no tiene sentido.
7- La traducción de cualquier discurso debe hacerse siempre a posteriori, revisitándolo desde el principio hasta el final, puesto que la llamada traducción simultánea limita mucho la comprensión plena y contextualizada

8- En el futuro, las ciencias sociales y linguísticas tenderán a unirse en una sola.

9- En su tiempo, fue la literatura quien alimentó al cine de sus primeros recursos narrativos. Esa relación, hoy, posiblemente, se ha invertido.

Partiendo de estos nueve puntos no es difícil concluir que la sociología necesita de la sospecha, por así decirlo, como su leitmotiv creativo; ni el filologismo, esa insana tendencia a considerar que los conceptos y las palabras no están manchaditas y son politica e institucionalmente inocentes, ni la obsesión provinciana por denunciar las estructuras de poder del propio espacio nacionaldesvinculándolas de su relación con el espacio internacional, ni la crítica literaria centrada sólo en destacar las particularidades de la narrativa nacional y remisa al comparativismo literario con otras literaturas, ni la concepción más formalista, protocolaria, del derecho, desprovista de horizontes éticos y ecológicos, ni la concepción quietista y estática de la realidad re-actualizada bajo nuevas formas de conformismo reaccionario y romanticismo dulzón, pueden ayudarnos a configurar un espacio secular, por así decirlo, a partir del cual empezar a reflexionar seriamente sobre la raíz, situación y horizonte de la civilizatio neoliberal. Particularmente, me afecta y me enfada profundamente el ver cómo en España la Iglesia católica y el sistema bipartidista siguen relacionándose en un clima de doble moral calculada en el que la primera, la iglesia, critica al poder temporal mientras le reclama sus injustificados privilegios educativos, administrativos y económicos, y el segundo, el estado, incluso desde sus sensibilidades más social-liberales, mantiene los mismos al mismo tiempo que escenifica públicamente su malestar con algunos de los muchos exabruptos de la conferencia episcopal. Y lo de exabruptos es un eufemismo calculado por mi parte para no utilizar palabras mucho menos biensonantes.
No considero, ni mucho menos, que en el principio fue Dios, o que en el principio fue el verbo. Ni la teología ni la filología son santas de mi devoción y tiendo a considerarlas a día de hoy como - limitadas, como todo - herramientas para capire la realitá. La espectacularización o mass-mediatización de los escritores y del mercado internacional de la literatura y el cine más in, tampoco me parece muy sana, puesto que ésta tiende a utilizarse como artefacto afectivo, por así decirlo, para imponer corrientes de opinión pública - esto es, política - de modos mucho más sutiles y menos descaradas que la propaganda, y en las que los escritores suelen aparecer como comisarios del gusto cultural de turno. Jamás hubiese pensado, en mi vida, que llegaría a sentir la necesidad de entender y producir narrativas visuales así como de acercarme al documentalismo político y al fotoperiodismo para poder escapar como las liebres de la violenta omnipresencia de la propaganda en todos los espacios habidos y por haber de la vida cotidiana.
Todo lenguaje tiene límites, pero nosotros somos, en última instancia, como sujetos, los que activamos las posibilidades que nos ofrecen y cómo y para qué utilizarlos. Necesarias habilidades para tiempos de barbarie y propaganda continuada. Imaginar otros mundos es más fácil deconstruyendo a la mentira oficial desde todos los frentes. A esto, en mis tiempos, se le llamaba imaginar. Creo que, ahora, también. Sucede, claro, que para imaginar hace falta ser sensatos con los límites y posibilidades de los instrumentos que utilizamos.





jueves, 3 de abril de 2014

Estado de excepción : España, 22 de Marzo de 2014.

 
Hay cosas que no conviene sacar en primera plana. Ni las sensatas palabras que rumoreaban los cientos de miles de peligrosísimos anti-sistema que abarrotaban la capital de Estado desde Colón hasta Atocha el 22 de Marzo, ni el sincero y emocionado aplauso que no pocos vecinos de Madrid nos dispensaron al hacer aparición, como diciéndonos, sois bienvenidos, y entendemos vuestra causa. 




 
Confieso que me esperaba algo peor, pero al final me quedo con el ! benvenutti ! de la Madrid solidaria y alegre que, con el paso del tiempo, se juntó con el resto de las personas que cruzamos la península para dejar bien clarito qué es lo que no estamos dispuestos, ni a vender, ni a ceder a otros.
 
Todas las plataformas de afectados por la hipoteca, todas las personas que reclaman urgentemente un proceso constituyente/destituyente de total ruptura con los consensos morales, legales y simbólicos de la transición española, todas las plataformas de inmigrantes ninguneados y deportados a su país de orígen sin garantías judiciales desde los CIE, todas, la gran mayoría, con categórica intención de recordar la que será la máxima moral más incómoda de este siglo 21 que ya ha empezado : "No debemos, no pagamos". Todas ellas, sí, dándose la mano de Colón a Atocha en un trazado ya predefinido por el ministerio del interior , y que delata claramente la intención, como siempre, de concentrar a grandes masas de personas en calles estrechas, con la intención de tirar a la baja, a posteriori, el número de asistentes.
 
Todas ellas, también, reclamando Justicia, no impunidad, en referencia a la reciente contra-reforma legislativa del PP que limita la aplicación y alcance del principio de jurisdicción universal, todas las pancartas - esas que tan poco gustaban a Aznar y a la izquierda más chic - pidiendo apoyo económico para repetir de nuevo la marcha en un futuro no muy lejano, todas las banderas roji-negras, verdes, violetas, pacifistas y republicanas. Todas las personas reclamando una Europa social, el cierre de los centros de internamiento para extranjeros, el rechazo frontal a la ley mordaza... Todas las personas que sorprendieron con sus breves y claros sueñecitos para los años venideros en sus carteles : "Democracia, lucha diaria". "Democracia económica". "Queremos trabajar, no caridad". "Sin pan, no habrá paz". "Que se vayan los borbones". "Por una república de trabajadores". "Si no luchas en la calle, no te quejes en casa". "Todos somos inmigrantes". "Españoles, franco ha vuelto". "El miedo no nos representa". "No me roben mi futuro". "Otra europa es posible". "Violencia es cobrar 600 euros". "Euro-violencia no : pueblo manso, buen esclavo". "La banca, al banquillo". "No son suicidios, son asesinatos : ningún desahucio más". "Vuestra deuda no la pagamos". "No al pago de la deuda ilegítima". "Cuando una ley es injusta, lo correcto es desobedecer". "Organicemos poder ciudadano". "People have the power". "¿ Por qué manda el mercado, si no lo hemos votado ?". "Eurodictadura a la basura". "UE laica y de todos". "Si luchamos, podemos perder, sino luchamos, estamos perdidos". "País mudo, no muda". "El miedo va a cambiar de bando" y - tomemos nota - "Ante el fascismo, jueces valientes"
 
 Sí, están ahí y conviven con nosotros. Somos nosotros. Somos parte de la España que trata de emerger entre un constante manto de invisibilización mediática y paternalista indiferencia política. Juraría que todos los que por allí caminábamos a dos patitas teníamos algo en común y muy urgente que solucionar ; ni más ni menos que el control sobre nuestras condiciones de existencia, sobre nuestras vidas, ante la constante usurpación y desposesión de las misma por parte de intermediarios y poderes que nosotros, ni generamos, ni escogemos.
 
No sé qué opinarán ustedes, pero a esta comunidad de seres que se expresaron y caminaron pacífica y alegremente en esa horrorosa e impersonal capital de Estado llamada Madrid, con sus grandes rascacielos, sus enormes e impersonales avenidas, su sepulcral silencio nocturno tan solo acompasado por el rumor de las ruedas en el asfalto, sus mastodónticas torres que pavonean el omnipresente poder de sus entidades bancarias y financieras.. ; a esta comunidad de seres, digo, que por allí pasamos, solía llamársenos, antes, comunistas o anti-sistema, lo cual es un sentido común muy agradable al que agarrarse en tiempos tan, tan sombríos y violentos como los que estamos viviendo.
 
Cuando estos peligrosos anti-sistema marchan - marchamos -, siempre se nos espera con toda una extensa comitiva de policías y anti-disturbios. Y si al final de la manifestación hace falta armar algo de bronca para ofrecer el fácil y moralista morbo mediático en el telediario de las tres, cuando las familias se juntan a mentjar con sus hijos, pues se hace, y punto. Siempre será más fácil hacer énfasis en la violencia del disidente y anónimo ciudadano agredido que en la muy armada y profesionalizada violencia del agresor uniformado.



Tan solo cumplía órdenes, dijo Eichmann en su tiempo, para justificar la gestión de los crematorios judíos. Tan solo cumplo órdenes, se sigue diciendo ahora, para justificar violentas represiones en manifestaciones pacíficas y legalmente organizadas. -. La razón de estado sirve para todo. En este aspecto, tiene las mismas consecuencias que la obediencia ciega. 
 

Mientras tanto, esvásticas fascistas, cada vez con más frecuencia, amanecen en las sedes de los sindicatos y partidos comunistas en todo el estado. Mientras tanto, plataformas y partidos de extrema derecha se pavonean por las calles con un control policial mucho menos denso y más amable, y todo ello mientras gritan máximas cuyo supuesto valor, encaje constitucional o espíritu democrático es, no sólo dudoso, sino imposible.
 

 

Es entonces cuando caes en la cuenta de que en todos los países del mundo, por muy diferentes que puedan ser sus realidades y contextos, se repiten constantemente las mismas estructuras cognitivas y afectivas, las mismas pautas sociales de conducta, los mismos discursos, la misma soporífera doble moral : a las minorías - o mayorías - de extrema-derecha, incluso cuando se manifiestan con razones y formas totalmente incívicas, hay que cuidarlas y mimarlas o, como mucho, darles un teatralizado tirón de orejas desde los periódicos y medios audiovisuales. Al fin y al cabo, éstas son la expresión, física y espiritual, de lo único que puede encajar funcionalmente en las estructuras de una sociedad capitalista, si la cosa se pone muy fea.
 
Eso sí, a las minorías de izquierdas, y en concreto, a los comunistas más libertarios afines a los movimientos sociales, hay que recibirlos con una buena exhibición de anti-disturbios y con violencia correctiva a la mínima de cambio. Sus pensamientos y demandas son, al fin y al cabo, la expresión física y espiritual de lo que nunca podrá encajar funcionalmente en una sociedad capitalista.
 
Ya se sabe : es mejor, por conveniencia e interés, usar a tontos útiles, por muy brutos e ignorantes que puedan ser, que hacer caso a hombres justos y civilizados y permitirles que éstos practiquen sus principios en serio.
 
Al fascismo, mimos constitucionales. Al anti-capitalismo razonado, propositivo y organizado, estigmas morales y constitucionalistas. Esto, y no otra cosa, es lo que nos obligan respirar en el estado español a día de hoy. Dicho de un modo claro : una dictadura de mercado con aroma nacional-católico en permanente estado de excepción y violencia legalmente justificada.  
 
¿ Qué hacer ? : organizar la resistencia para recuperar la vida. Tanto dentro como fuera de España. 
 
¿Empezamos de nuevo?. 
 

sábado, 29 de marzo de 2014

La "izquierda migroadicta" - y sus enemigos -

 
Nací el 2 de Febrero de 1979 en Galicia y, como quien dice, ya tenía un pasaporte bajo el brazo : en menos de un año mis padres ya estaban cambiándome los pañales en Suiza. Confieso no haber sufrido nunca enfermedades raras, ni siquiera la migroadicción, que no tengo muy claro si es síntoma o causa de algo – más bien, es una condición social y existencial - pero que sí sé que es el último diagnóstico científico que se ha sacado Jorge Verstrynge de la chistera para referenciar a quienes no comparten – yo, entre ellos – las consecuencias prácticas y los fundamentos éticos y antropológicos de sus análisis migrantológicos.
 
Además de migroadicciones prescritas por personas que no conozco de nada ni conocen de nada de mi historia de vida, creo que sufro también de otros incorregibles males, y uno de ellos, yo creo, es muy fácil de colgármelo : soy un ortoadicto de la Justicia y las libertades civiles. Es decir, siento una irrefrenable afinidad por cualquier ortodoxia teórica o práctica que sirva realmente para hacer más felices y plenas a las comunidades humanas.
Precisamente por ello, porque sufro de esta adicción, suelo agradecer de vez en cuando las sesiones de risoterapia que me brinda Pablo Iglesias cuando recalca que no hace falta ser ni de izquierdas ni de derechas– sino todo lo contrario – para restablecer un orden democrático que nunca ha existido y cuya sustantividad, contenido real, contrato social implícito o letra pequeña, por decirlo más claramente, desconozco todavía. Y menos aún cuando trata de formalizarse desde espacios tan poco proclives al debate como la ruidosa fábrica del tertulianismo mediático-político de España.

Ni por Verstrynge ni por Pablo tengo algún tipo de antipatía personal. Simplemente, del primero no comparto en absoluto los fundamentos éticos y antropológicos de sus propuestas en materia migratoria, y del segundo no comparto el latiguillo mental – y afectivo – con el que me ha sorprendido últimamente. Debo admitir, sinceramente, que no me lo esperaba.
Bien, reconozco que puede resultar desconcertante lo que digo pero, para mí, toda tradición de pensamiento, desde la más emancipadora hasta la más reaccionaria, admite diversidad y pluralismo interpretativo, sobre todo porque germinan de y entre los hombres, y no en un más allá sociológico, y sobre todo porque chocan entre ellas y reaccionan entre ellas, intercambiándose muchas veces el rol de subalternidad y hegemonía. De lo contrario, digo yo, no es de experiencias huamanas o tradiciones vivas de pensamiento de lo que estaríamos hablando, sino de féretros mentales.
Dicho esto, me atrevo a decir que la tradición de pensamiento de la izquierda occidental, desde la primera socialdemocracia – con un documentado pasado de justificación de políticas belicistas -, hasta la tradición ácrata/libertaria – con un documentado pasado de nihilista violencia clandestina -, hasta la tradición social-comunista – no hace falta recordar, tampoco, ni la nihilista violencia clandestina ni la violencia institucionalizada que tiene a sus espaldas – está preñadísima de violencia. Difícil no estarlo cuando uno no tiene más margen para jugar al juego del gato capitalista y el ratón revolucionario que las reglas y la superioridad tecnológica y armamentística del primero. O dicho de otro modo : es difícil, sino imposible, responder con caricias y sutilezas verbales a un sistema que nos ha obligado, obliga, y seguramente, nos obligará, como colectividad, a enfurecernos y responder violentamente a las múltiples clases de violencia, directa e indirecta, que ha materializado y materializa el capitalismo de ayer, de hoy y, con toda seguridad, el de mañana.



A priori, claro, a nadie nos agrada, ni reflexionar sobre la naturaleza de la violencia como una realidad estructural, profunda, latente y manifiesta al mismo tiempo, ni mucho menos reflexionar sobre qué hacer con ella y, sobre todo, cómo defendernos de ella. Pero a posteriori, y cayendo en la cuenta de que ésta, la violencia – de género, clase, racial, cultural.. etc -, es el ADN de la civilización en la que estamos sumergidos, resulta sospechoso que en los partidos políticos que se dicen de izquierdas no haya casi nunca algo parecido a una agenda política que se proponga hacerle frente de algún modo; nada de esto tiene Podemos, a no ser las ya clásicas declaraciones de pacifismo perfumado, y por ello, porque no tiene esta agenda, estando como estamos literalmente absorbidos por una política penal que da rienda suelta y justificación retórica al racismo, al clasismo, al sexismo, a la homofobia y a la islamofobia institucionalizadas, considero que Podemos hace mal presentándose con el clásico latiguillo de que no somos de izquierdas, ni de derechas – sino de extremo-centro -.Bien; a pesar de reconocer que el pensamiento político-práctico de la izquierda occidental está preñadísimo de violencia – lo cual debería motivar a pacifistas y feministas militantes a limpiar, por así decirlo, toda la mierdecilla que arrastra -, desde un punto de vista formal, retórico, no es difícil inferir que tanto la tradición socialdemócrata como la tradición social-comunista y ácrata… han recalcado siempre que la democracia formal es una quimera mientras las condiciones de existencia de sus ciudadanos les impida el poder desarrollar autónomamente lo que sus constituciones prometen y dicen garantizar. Y han recalcado, también, que la expansión sin freno de algunos derechos individuales, en el ámbito económico en concreto, debería estar sujeta a límites, regulaciones e incluso expropiaciones para uso social por parte de los poderes públicos, ya actúen éstos como gobiernos, como estados o como representantes sociales e institucionales de ciertoespíritu constitucional, tenga este el contenido normativo que tenga.
Puede haber, y de hecho, hay, desencuentros muy serios a la hora de reflexionar sobre dos cuestiones clave : el qué hacer - y cómo - con la violencia generacional y estructural transmitida por nuestras sociedades tradicionales – ejército, fuerzas de seguridad - y el qué hacer - y cómo - con el poder institucionalizado – estado -. De todos modos, tendríamos que ser honestos y reconocer que las heterodoxias posibles dentro de la ortodoxia del pensamiento emancipador/libertario no es tanto una cuestión de afinidad filosófico-política o ética como una cuestión meramente estratégica y práctica, y aquí, con realistas geopolíticos hemos topado, lo cual, me agrada, porque una izquierda sin realismo geo-político, por muy ética que se pretenda en sus intenciones, es un rotundo fracaso en el escenario internacional.





Hablando claro : la ortodoxia filosófica, por así decirlo, no es mala, si no impide el practicar las heterodoxias de orden pragmático que impulsa. Al fin y al cabo, somos bichos que aprenden por ensayo-error cuando proyectan lo que piensan a sus brazos, y erramos porque, además, tenemos un corazoncito que media entre la sesera y las extremidades. Pero aquí, precisamente, es donde quiero pararme, porque, por muy post-moderna y de mercado que sea una dictadura como la que sufrimos ahora, con su industria cultural y del ocio que tanto gusta analizar a semióticos y especialistas en cultural studies, con sus medios de comunicación/información totalmente corporativizados, controlados por mecanismos de mercado y gobiernos autoritarios con sus clásicas mayorías absolutas, esto no lo cambiaremos entre todos partiendo de la actitud vital de no ser de izquierdas ni de derechas. Esto sólo lo cambiaremos si hacemos el socialismo deseable como civilizatio a los ciudadanos. Y hacerlo deseable pasa por transmitir reflexión, información y pedagogía social a - pero sobre todo con -las comunidades desposeídas en los múltiples archipiélagos de miseria del capitalismo contemporáneo. Creo que esta política cultural y científica es todo lo contrario al marketing político efectista de urgencia electoral y a la propaganda encubierta con códigos amables. Conozco muy bien estos métodos porque he trabajado con ellos y los he visto y sufrido desde dentro : son pura violencia simbólica.
Conviene decirlo claramente : un sujeto que no es de izquierdas ni de derechas, sino todo lo contrario, es un sujeto amnésico y desmemoriado que parece no reflexionar sobre el hecho de que nunca ha existido unaderecha democrática, ni en España ni en el resto del mundo. Que parece no reflexionar sobre el hecho de que, al igual que las alternativas de izquierda, esta supuesta derecha democrática, de haber existido en España – lo cual es falso -, no ha podido nunca como élite exorcizar el franquismo cultural y judicial en el que se ha educado, al igual que en otros países del mundo las sacrosantas derechas democráticas, como élite, tampoco han podido exorcizar el clasismo, el racismo y el sexismo en su cultura cotidiana y en sus sistemas judiciales y carcelarios.
Además, por muy democrática que esta derecha se desease a sí misma en la transición, la realidad pura y dura, a día de hoy, nos presenta un escenario en el que sus herederos ideológicos siguen protagonizando, combinadamente, tanto en el centro como en la periferia geográfica del estado español, una política austeritaria, social y penalmente represiva, de una violencia sin parangón, y todo ello situándose en un panorama geopolítico de total aceptación de la violentísima política exterior, energética y militar del Atlantismo europeísta.
En fin, creo que tenemos razones, hechos y motivos de sobra para concluir que el nacionalcatolicismo y el unitarismo centralista español son una y la misma cosa y van juntitos, y que no han perdido ni un gramito de su fuerza moral y cultural en buena parte de la sociedad civil española y del sistema bipartidista. Creo que tenemos, también, hechos y motivos de sobra como para concluir que la ortodoxia neoliberal, con sus racistas, sexistas, clasistas, homófobas e islamofóbicas expresiones, tampoco. No es, ni mucho menos, esperanzador, recordar lo siguiente, a saber : que en tiempos en los que la izquierda no sabe aún cómo cabalgar entre lo viejo que persiste en su traditio cultural y lo nuevo que no puede presumir de haber roto totalmente con ella – al menos, a efectos prácticos -, la extrema-derecha política sí sabe muy bien lo que tiene que hacer y cómo : no renuncia ni a los viejos símbolos e instituciones de sus muy nacional católicos inspiradores y aprende, al mismo tiempo, de las nuevas ortodoxias de gestión político-económica que les han enseñado a aplicar religiosamente en el espacio euro-americano.
Precisamente porque la derecha política, no sólo la centralista y unitaria, sabe muy bien integrar funcionalmente sus ortodoxias espirituales, por así decirlo, con sus ortodoxias metodológicas, aprendiendo incluso a integrar las nuevas que sirvan clara y eficientemente a sus intereses – marketing político, organización en red de recursos humanos, think tanks, centros concertados de formación técnica … -; precisamente por esto es porque suele asestar severas y merecidas palizas electorales a la izquierda, tanto la nominal, tonteando aún a día de hoy con terceras vías y capitalismos verdes, como la real, incapaz de convivir en paz con su clásica y vieja ortodoxia para tejer un lenguaje y un programa común de ruptura sistémica con el modelo ultraliberal de desarrollo, un modelo cuya descomunal violencia desgarra todo a su paso : desde la naturaleza hasta el cuerpo de la mujer, del otro no-nacional, del otro disidente y de las bases materiales de existencia de cualquier comunidad humana.
Creo, sinceramente, que integrar los contenidos normativos de los derechos humanos en todos los ámbitos de lo social a los contenidos críticos de los movimientos sociales es una tarea de urgentísima necesidad sino queremos que esta civilizatio nos des-integre aún más como sujetos y como sociedad humana. ¿ Tiene sentido, a día de hoy, debatir sobre los aciertos y errores de Lenin, de Marx, de Gramsci, de Simone Weill, de Walter Benjamin, de Manuel Sacristán, de Aranguren.. etc ?. Sí, claro que lo tiene, pero sin leerlos a la luz de los contenidos críticos de los movimientos sociales y sin una orientación ética que sepa mirar más allá, sin escapismos, de las comunidades nacionales, la inspiración que puedan brindarnos estas referencias no serviría de mucho.



 Además, conviene reconocerlo : hay sujetos que tienen la capacidad y las herramientas para entender este mundo y para movilizarse sin que hayan pasado por un proceso clásico previo de pedagogía socialista. Yo, particularmente, me siento cómodo con ellos, mucho más de lo que me he sentido con todos aquellos intelectuales y militantes que han tratado de prescribirme lecturas e interpretaciones canónicas. Hay más cera que la que arde en el canon occidental del pensamiento libertario.
Por mi parte, tengo que decir que me he liberado, tanto de las angustias de ortodoxos contra heterodoxos de izquierdas, y viceversa, como de las angustias de clásicos contra post-modernos de izquierdas, y viceversa, como del no somos ni de izquierdas ni de derechas – sino de extremo-centro, supongo -, como de las fobias de Jorge Verstrynge contra la izquierda migroadicta, y viceversa. Luchar por la paz, las libertades civiles y la justicia social sólo es posible con una convicción afectiva que busca sus propias armas para entender, organizar y actuar en beneficio de quienes necesitan que los derechos humanos sean algo más que papel de burocracia o instrumento de justificación de viejos y nuevos proyectos de dominación colonial.


Esto último es, para mí, ser de izquierdas, y me temo que todo lo contrario, no nos lleva a otro lugar que a la re-existencia de la barbarie bajo formas más o menos viejas, o más o menos nuevas. Lo confieso : a mí me gusta formar parte de la izquierda migroadicta, tanto geográfica como mentalmente, por la sencilla razón de que siempre encuentra puntos de fuga para reinventar la emancipación sin quemar las semillas de su tradición

viernes, 21 de marzo de 2014

Por un nuevo horizonte socio-energético : Antes, hoy y .... ¿mañana?.




Carbón, petróleo y gas natural; el 81 % de los recursos energéticos destinados en el planeta al consumo global proviene de combustibles fósiles. La certeza de que, más pronto que tarde, el carácter intrínsecamente finito de este recurso impondrá un profundo cambio de paradigma energético resulta incuestionable.
En poco más de un siglo, con la emergencia de la revolución industrial, la mundialización del consumo y producción hidro-carbúrica ha tenido como consecuencia el inminente agotamiento de combustibles fósiles que necesitaron millones de años para generarse y depositarse en el territorio. Lo que comenzó como un hipotético maná de infinita riqueza y prosperidad económica partía de la base de la imposibilidad de alargar indefinidamente en el tiempo el consumo de un recurso energético que, a día de hoy, sigue representando más de las ¾ partes del consumo energético total del planeta.
En lo que atañe al estado español, integrado de pleno en la globalización del paradigma energético tradicional del petro-capitalismo, los datos no dejan lugar a dudas : el 77 % de la energía para consumo interno proviene de combustibles fósiles, siendo la energía nuclear y las renovables la, por ahora, alternativa minoritaria al consumo hidro-carbúrico.
Existe, por supuesto, una fuerte resistencia política e institucional, así como una clara voluntad de invisibilidad mediática, para empezar a concienciar socialmente de la obsolescencia del viejo paradigma energético; aún a día de hoy, sólo el 12 % de la energía consumida en el estado español, desde los biocarburantes, la biomasa, la energía hidráulica, eólica y solar, parece querer desarrollarse hacia el horizonte de la sostenilidad ecológica real, que posibilitaría la configuración de un nuevo paradigma energético basado en el desarrollo de técnicas extractivas focalizadas en las energías renovables. Y, aún así, dentro de ese 12 %, algunas de las técnicas mencionadas no dejan de ser técnicas y recursos extractivos imposibles de mantenerse a medio-largo plazo, debido al impacto eco-sistémico que materializan en los ecosistemas hídricos y agrarios, como es el caso de los biocombustibles y la energía hidráulica.
Así pues, las razones y los motivos para un cambio de modelo se van imponiendo progresivamente a escala glo-local. En un reciente informe publicado por la AIE – Agencia internacional de la energía -, la convicción de haver llegado al famoso peak oil ya ni se esconde; lo que en su momento era caldo de cultivo de futuristas anticipaciones para la ciencia-ficción, hoy es una evidencia antropológica irrefutable : los recursos hidrocarbúricos se están agotando. Por lo tanto, los poderes públicos, mediáticos y financieros tendrán que actuar en consecuencia.
Dentro de los posibles horizontes y modelos que puedan proponerse, el mínimo común denominador de los mismos gira alrededor de la necesidad imperiosa de desarrollar nuevas explotaciones prescindiendo de la fácil accesibilidad que permitía el combustible fósil, haciendo más énfasis en la importancia clave de inventar nuevas tecnologías extractivas y de post-procesado. Este nuevo horizonte tendrá, sin duda, consecuencias directas en el sector industrial, el transporte y la alimentación. Sectores que, tradicionalmente, funcionaban – y aún funcionan – impulsados por el recurso energético que todavía es el motor de la economía moderna, cuyo desenfrenado dinamismo no sería posible sin la enorme cantidad de inputs hidro-carbúricos que necesita para expandir planetariamente el modelo capitalista de desarrollo.
Pero sería quimérico suponer que en los procesos de extracción, transformación, transporte y consumo energético, a lo largo de la corta historia del capitalismo industrial, no ha habido dependencias, asimetrías e imposiciones del modelo a las periferias de lo que Inmanuel Wallerstein llama el sistema-mundo; las tradicionalmente llamadas naciones civilizadas lograron expandir y desarrollar su mercado interno gracias al altísimo nivel de explotación energética de los hidro-carburos  antes de aventurarse a la expansión planetaria de su modelo de desarrollo, y aún a día de hoy, esas dependencias y asimetrías se hacen patentes. Sin ir más lejos, en un reciente informe del laboratorio de energía y sostenibilidad del año 2010, se remarca el altísimo nivel de dependencia energética del estado español, siendo nada menos que el 84 % de sus consumos hidrocarbúricos fruto de la importación para consumo interno. Es evidente, así pues, que esta total dependencia energética, muy por encima de los niveles de dependencia europeos, tiene consecuencias directas en el rol geo-estratégico que el estado español puede desempeñar realmente en sus relaciones internacionales, al depender su economía interna en tal grado, aún a día de hoy, de un mercado volátil y en pleno proceso de obsolescencia.
Vistas así las cosas, y a la luz de la ineficiencia y el despilfarro energético del viejo paradigma hidro-carbúrico, así como de su manifiesta injusticia y la evidencia de su impacto eco-sistémico, con la multiplicación exponencial de los índices de co2 y su densidad creciente en el cielo de las grandes megalópolis modernas, ¿ cuales serían las ventajas basadas en el desarrollo de energías renovables?. A pesar del bajo porcentaje de desarrollo de las mismas en el modelo actualmente globalizado, todavía excesivamente dependiente de los recursos hidrocarbúricos, hay claras evidencias de que una expansión global del nuevo paradigma y la obsolescencia del viejo tendría muchas ventajas desde diferentes prismas :
A – Desde un prisma geopolítico, las energías renovables fortalecerían la independencia económica y política del estado, disminuyendo la importancia de los recursos fósiles en las negociaciones internacionales.
B – Desde un prisma ecológico, el desarrollo de las renovables disminuiría progresivamente la emisión de gases de efecto invernadero, así como los residuos radioactivos resultantes del desarrollo de la energíanuclear, cuya imposibilidad de reciclaje ha quedado más que demostrada.
C – Desde un punto de vista económico, el desarrollo de energías renovables descentralizaría y diversificaría todos los procesos combinados de extracción, transformación y trasvase de energía, haciendo mucho más difícil la creación de oligopolios energéticos y democratizando los usos energéticos a la sociedad civil si ésta quiere hacerse partícipe de los mismos y, al mismo tiempo, si la administración estatal adquiere el centro de gravedad a la hora de planificar el nuevo paradigma energético.
D – Desde un punto de vista ecológico, haría más eficiente el uso de los recursos energéticos impulsando los nodos de aprovisionamiento y consumo energético locales, a través de la creación de pequeñas instalaciones de micro-generación energética conectadas al tejido productivo local.
Estas ventajas, no obstante, parecen no importar mucho a la élite del oligopolio energético español y a sus lobbies de presión mediática y económico-política; al igual que a los agentes económicos transnacionales del sector hidro-carbúrico, ejercen todo tipo de trabas administrativas, legales y económicas para no aumentar las primas al desarrollo de nuevas fuentes energéticas y las consiguientes nuevas tecnologías extractivas, necesarias para que el nuevo paradigma energético vaya consolidándose de abajo a arriba y con la participación activa de la sociedad civil. La dependencia política que esto causa, como efecto necesario la dependencia energética del hidro-carburo, sigue siendo el caldo de cultivo en el que se mantiene la progresiva pérdida de soberanía del estado español en absolutamente todos los niveles : fiscal, tecnológico, político y económico.
El hecho es que, a día de hoy, 1/3 de la electricidad consumida en el estado es de origen renovable y la solución clara a la pérdida de soberanía geo-política y energética del estado español parece no pasar por otro camino estratégico que el empoderamiendo energético de sus comunidades locales, por abajo, así como la inversión financiera en nuevas tecnologías extractivas de recursos renovables, por arriba, dejando atrás, de modo definitivo, las políticas-parche que han tratado de controlar el impacto eco-sistémico del modelo hidro-carbúrico simplemente tratando de reducir su consumo pero haciendo caso omiso de sus profundas deficiencias estructurales y de la disfuncionalidad ecológica que provoca su terca conversación.
A pesar de que expertos del instituto de innovación tecnológica ya han demostrado la viabilidad del nuevo paradigma energético, la oposición de las 3 grandes eléctricas que componen el oligopolio del mercado español al mismo, y cuyos beneficios netos rondan los 22.000.000.000 millones de euros, continúa siendo visceral. El argumento insistente del oligopolio energético institucionalizado y consolidado en España es tantas veces repetido como falso : las inversiones públicas, dicen, en el desarrollo de nuevas tecnologías y fuentes energéticas, aumentarían el déficit tarifario – deuda energética – del estado español. ¿ Suena de algo este argumento ? : nada nuevo, la clásica retórica de la deuda como excusa para el recorte y la desinversión pública.
Pero lo cierto es que es falso que las primas a las renovables sean la causa del llamado déficit tarifario del oligopolio energético español. La introducción de energías renovables en el mercado eléctrico podría aumentar los costes del primer tramo de inversión, a muy corto plazo, para consolidar las nuevas tecnologías extractivas y fuentes de aprovisionamiento energético, pero este aumento se vería muy contrarrestado tanto por los precios de mercado de una energía mucho más barata como por el hecho de la diversificación y democratización de su consumo.
Este, y no otro motivo, es lo que lleva al oligopolio energético institucionalizado en España a realizar campañas de desprestigio y desvalorización del nuevo paradigma energético basado en el desarrollo de renovables : la posibilidad de que las comunidades humanas puedan, en un futuro, gestionar democrática y colectivamente sus consumos energéticos asusta mucho, como asusta, también, otras dimensiones de la soberanía humana como la alimentaria, la reproductiva y la económica.
Tarde o temprano, la sociedad civil tendrá que decidir si sobrevivir inmersa en un modelo energético con un altísimo impacto humano y ecológico o vivir en una sociedad en la que las propias comunidades locales toman protagonismo a la hora de responsabilizarse colectivamente de las técnicas extractivas y los recursos más adecuados para no agredir al territorio ni a los ecosistemas. El paradigma hidro-carbúrico y el paradigma basado en las renovables son claramente antagónicos e irreconciliables; concepciones radicalmente opuestas de lo que es y lo que debería ser una vida en común, digna y humana, en el planeta. El primero está claramente pensado para que los grandes oligopolios hidro-carbúricos decidan qué, cómo y cuanto producir a unos ciudadanos concebidos como meros consumidores pasivos de energía. El segundo debería estar pensado para lo contrario, para ciudadanos pro-activos que se responsabilizan de la gestión de su territorio. El primero necesita de estructuras de gobierno opacas o, como mínimo, autoritarias, ajenas al impacto social que la persistencia estructural del viejo paradigma provoca. El segundo necesita, por el contrario, de una clara reformulación del pacto social y de la participación ciudadana en asuntos tradicionalmente ajenos a las agendas de los gobiernos : La soberanía energética, alimentaria y civil, entre otras. Decidir con qué, cuanto y cómo nos auto-abastecemos energéticamente es rotundamente imposible en estructuras de abastecimiento energético oligopólicas. Decidir con qué, cuanto y cómo nos autoabastecemos energéticamente debería ser posible y necesario en el nuevo paradigma energético.
En la actualidad, los ciclos combinados de extracción, transformación, trasvase y consumo energético siguen desarrollándose bajo la estrecha lógica mercantil característica de una sociedad capitalista. Actividades como el fracking, el desarrollo de energía nuclear, la producción hidroeléctrica, las constantes prospecciones de petróleo en tierra y mar, la producción eólica que expropia las propiedades de pequeñas comunidades campesinas a la fuerza, privatizando los montes mancomunales… y la construcción de líneas de alta tensión sobre núcleos de población que viven y trabajan ajenas al impacto radioactivo de las mismas sobre sus cuerpos, no son actividades fragmentadas, aisladas o dispersas. Todas son manifestaciones concretas de un modelo standard de desarrollo energético que concibe el territorio, los recursos y las personas como meras mercancías sujetas a la lógica especulativa del máximo beneficio posible en el menor tiempo posible, sin racionalización o control público de ningún tipo.
El fracking, que a día de hoy sigue siendo una técnica presente en más de la mitad de los pozos extractivos de petróleo, no es sino una técnica extractiva que busca sacar el máximo rendimiento posible al territorio con recursos hidro-carbúricos sin pensar en el impacto eco-sistémico y motivado por una clara lógica mercantil. USA fue el primer país en utilizar esta técnica extractiva : consiste en la inyección dentro de los pozos extractivos de un componente compuesta en un 99’5 % de agua y arena y un 0’5 % de aditivos químicos. Estos aditivos son, precisamente, los que activan cívicamente la protesta de muchos grupos ecologistas, conscientes de que la filtración de estos fluídos para ampliar y apurar las fracturas del sustrato rocoso de los suelos, acaban depositándose en las aguas subterráneas, provocando un severos peligro para la salud pública de las poblaciones civiles cercanas a los pozos extractivos de petróleo/gas. Instituciones poco sospechosas de pronunciarse airadamente a favor de la conservación del medio, como el parlamento europeo, han exigido a los oligopolios energéticos que hagan públicos en el espacio comunitario los componentes químicos que utilizan en sus actividades extractivas.
La energía nuclear, que sigue presentándose como la alternativa posible y necesaria al desarrollo energético basado en recursos hidro-carbúricos, sigue teniendo al consumo civil como coartada para silenciar sus evidentísimos usos militares gestionados por el conglomerado industrial-militar enclavado a las centrales térmicas y por los estados con mayor desarrollo tecno-militar del planeta. Técnicas generativas como la fisión nuclear están lejos de ser política y militarmente neutrales o inocentes, además de haber demostrado, a lo largo de estas décadas, los descomunales peligros que acarrea en caso de accidente, así como la persistencia de los mismos peligros aún a día de hoy a pesar de los informes corporativos y gubernamentales que tratan de minimizar las probabilidades de que las centrales nucleares sigan fallando y provocando cientos de miles de muertos y un impacto-eco-sistémico irreversible en el territorio y la población civil.
Por si no bastase con esto, nadie ha podido demostrar la posibilidad real de reciclaje de los residuos radioactivos que genera la fisión nuclear para la generación térmica de electricidad. La hipoteca de los residuos radioactivos, que se transmitirá durante siglos, si no milenios, a las futuras generaciones, tampoco parece ser razón suficiente para cerrar las centrales nucleares, como tampoco parece serlo el hecho de que el uranio y el plutonio fisionable sean recursos limitados ni el hecho de que su vida útil abarque como mucho de 20 a 30 años. Nada parece convencer a los entusiastas defensores del hiper-desarrollismo energético del oligopolio hidro-carbúrico, que parecen haber visto en la energía nuclear un último recurso para desplazar sus capitales especulativos del sector hidro-carbúrico al nuclear; tampoco el hecho de que los ciclos de la producción nuclear, así como los de la producción hidro-carbúrica, carguen a sus espaldas con un sangriento historial de guerras y asesinatos civiles unilateralmente legitimados e ideológicamente alimentados en nombre de la democracia, la paz y los derechos humanos.
Lo cierto es que tanto el fracking, como las clásicas prospecciones petrolíferas y de gas, como la producción nuclear, como la producción hidroeléctrica, no dejan de ser técnicas combinadas de extracción y producción energética que, analizadas en su conjunto, no fueron jamás creadas para garantizar la soberanía energética de las poblaciones civiles, ni desarrolladas teniendo en cuenta el derecho de los pueblos a decidir su propio modelo de desarrollo. Todo lo contrario.
Ni siquiera la producción hidroeléctrica ha logrado desarrollarse sin haber forzado el exilio rural y el desplazamiento forzado de las comunidades humanas que desplegaban su modo de vida alrededor de los ecosistemas hídricos de los ríos. Ni siquiera las líneas eléctricas que transportan la electricidad se han instalado teniendo en cuenta el peligro para la salud pública de los núcleos de población cercanos. No siquiera, no, tampoco, desde un punto de vista estrictamente económico y demográfico, las comunidades locales sobre las que se han construído grandes presas han dejado de sufrir fuertes sangrías migratorias desde su periferia rural a los cada vez más masificados centros urbanos donde los grandes oligopolios energéticos gestionan el ciclo combinado de todas estas técnicas de extracción y producción energética.
La pregunta, así pues, se impone con meridiana claridad : ¿ Qué de humano, qué de justo y qué de sostenible tiene el ciclo combinado de extracción y producción energética actualmente globalizado ?. Y, sobre todo, desde cuando y en qué medida ha sido la intención del oligopolio global de la energía hidro-carbúrica y nuclear el garantizar la soberanía energética de su población civil, y por lo tanto, el autogobierno real de sus instituciones y comunidades ?.
La respuesta, a la luz de los hechos, es más que evidente …  
En la historia social contemporánea de Catalunya han ido emergiendo múltiples experiencias de rechazo y resistencia al modelo energético impuesto por el oligopolio energético español. Lo más característico de estas alternativas es que han sido siempre reacciones muy localizadas en respuesta a un modelo energético glo-localizado que las élites del tardo-franquismo y la post-transición han asumido como propio sin realizar consulta ciudadana alguna sobre su viabilidad ecológica y humana.
Las resistencias desde el activismo ciudadano cotidiano, así como las propuestas, han ido de la mano. Desde el ámbito local y vecinal y más allá del espacio de influencia de las administraciones se siguen perfilando alternativas al oligopolio hidro-carbúrico desde la toma de conciencia de que, a día de hoy, tales alternativas deben formularse desde una óptica glo-local, teniendo en cuenta la irreversible interdependencia geográfica y política que ha materializado la expansión del modelo neoliberal de desarrollo.
Históricamente, la pobreza de recursos energéticos, y en concreto, la carencia de hidrocarburos líquidos y gaseosos, así como la mala calidad del carbón, ha limitado la potencialidad hiper-desarrollista en España. No deja de ser cómico que las élites del estado y de las grandes compañías energéticas españolas hayan preferido proyectarse al exterior para importar este recurso e imitar un modelo que acabaría fraguando nuestra dependencia energética actual. El condicionante geográfico ha sido determinante a la hora de situar a la península en el furgón de cola del hiper-desarrollismo energético, sí, pero también las élites oligopólicas de las tres grandes compañías energéticas han contribuído a la hora de importar los recursos hidro-carbúricos y las mismas técnicas extractivas y de trasvase y consumo energético.
A día de hoy, desengancharse del viejo paradigma energético nuclear/hidro-carbúrico, que se ha desarrollado, todo hay que decirlo, asumiendo grandes cantidades de deuda privada posteriormente socializada a los pequeños contribuyentes, sería el mejor camino estratégico desde una óptica eco-pacifista. La deuda energética del estado español no puede separarse de su deuda militar; las dos se relacionan, se necesitan y están vinculadas del mismo modo que están vinculados sus ciclos combinados de extracción y producción energética, consolidando unilateralmente un modelo de desarrollo que no puede reproducirse - tanto hacia dentro del área geográfica de influencia de los estados-nación como hacia fuera, en sus relaciones internacionales – si no es recurriendo a la violencia y a la masacre civil, de nuevo, como no, justificada en nombre de la paz, la democracia y la voluntad de hacer prevalecer los derechos humanos (*). Negarse a pagar la deuda soberana del estado implica negarse a pagar la energética y la militar que se fragua, también, a espaldas de la sociedad civil y de modo ilegítimo y unilateral. Pero… ¿ existen alternativas ?. ¿ Se camina en esa dirección ?.
No se puede responder que no; movimientos como RIDAURA JUNTS, TANQUEM LES NUCLEARS, ATUREM LES PROSPECCIONS, REPSOL MATA, PLATAFORMA SÉNIA, SOM ENERGIA, PLATAFORMA PRIORAT, NO A LA MAT, XSE Y PLATAFORMA POR UN NUEVO MODELO ENERGÉTICO, entre otras, son claras muestras de que en la historia contemporánea de Catalunya hay una toma gradual de conciencia, desde la sociedad civil, del profundísimo impacto eco-sistémico y humano del modelo energético implementado en el territorio catalán. A pesar del carácter local y plural de este constante germinar de plataformas y movimientos, no es difícil intuir que los nuevos horizontes de desarrollo energético que se proponen parten de directrices totalmente antagónicas al modelo impuesto por el oligopolio energético vigente. Tanto RIDAURA JUNTS, introduciendo en el debate social el impacto ecosistémico y el peligro para la salud pública del fracking, como TANQUEM LES NUCLEARS, presionando a las instituciones y haciendo pedagogía social sobre la inviabilidad y el peligro de los procesos de generación de electricidad a través de la fisión de recursos limitados como el uranio y el plutonio, como REPSOL MATA, visualizando el impacto eco-sistémico y el constante atentado contra los derechos humanos de sus prospecciones petrolíferas, fuera y dentro de la península… son claras muestras de una profunda toma de conciencia que organiza y coordina en red todos los recursos y todos los esfuerzos para romper el cerco de desinformación, invisibilización y silencio que el oligopolio energético trata de consolidar a nivel mediático y político. Lo mismo puede decirse de las múltiples plataformas locales que reaccionan contra un proceso de vertebración territorial que se diseña a espaldas de las comarcas y su población civil, así como del malestar creciente en los núcleos de población rodeados por líneas de trasvase eléctrico sin estudios previos de impacto en la salud pública, aún contando ya con múltiples experiencias previas de la evidencia del mismo.
Los movimientos y las plataformas son respuestas y resistencias locales, pero a escala autonómica, estatal y euro-comunitaria el modelo de desarrollo energético hegemónico, desagregado en deuda y dependencia energética, deuda militar y deuda financiera para los países periféricos, y en supremacía energética y tecnológica, militar y financiera para los países hegemónicos a escala planetaria. Este injusto modelo de interdependencia global, digo, se gestiona y reproduce desde espacios transnacionales.
Existen vectores comunes en toda esta red comunitaria de resistencia al oligopolio energético en el territorio catalán, y a pesar de la aparente dispersión y concreción de las plataformas, la pulsión resistencialista va creando un mínimo común denominador que parte de la voluntad de ruptura con el modelo energético vigente y de la irrenunciabilidad de las energías renovables para materializarla
A – FRENTE A UN MODELO ENERGÉTICO QUE FOMENTA LA DEPENDENCIA Y PISOTEA LA SOBERANÍA DE LOS ESTADOS Y LA SOCIEDAD CIVIL, UN MODELO QUE FORTALEZCA SU SOBERANÍA POLITICO-ENERGÉTICA, RESPONSABILIZANDO A LAS COMUNIDADES LOCALES EN EL USO DE TÉCNICAS EXTRACTIVAS NO LESIVAS PARA SU ECOSISTEMA.
B – FRENTE UN MODELO BASADO EN LA EMISIÓN DE GASES DE EFECTO INVERNADERO, ASI COMO EN LA GENERACIÓN DE RESIDUOS RADIOACTIVOS QUE HIPOTECAN A LAS FUTURAS GENERACIONES, UN MODELO BASADO EN LA NO-DEPENDENCIA Y ABANDONO DE LOS RECURSOS HIDRO-CARBURICOS Y LA FISIÓN NUCLEAR.
C – FRENTE A UN MODELO BASADO EN EL OLIGOPOLIO HIDROCARBURICO, UN MODELO BASADO EN LA DIVERSIFICACIÓN Y DEMOCRATIZACIÓN DE LAS FUENTES ENERGETICAS RENOVABLES
D – FRENTE A UN MODELO CONCENTRADO EN LOS GRANDES TRUSTS ENERGETICOS Y EN LAS MEGA-INSTALACIONES EXTRACTIVAS Y DE PROCESADO, UN MODELO BASADO EN EL DESARROLLO DE PEQUEÑOS NODOS DE APROVISIONAMIENTO Y CONSUMO ENERGÉTICO LOCAL, CON LA CONSOLIDACIÓN DE PEQUEÑAS INSTALACIONES DE MICRO-GENERACIÓN ENERGÉTICA
E – FRENTE A UN MODELO QUE REPRODUCE UNILATERALMENTE LA DEUDA Y DEPENDENCIA FINANCIERA, ENERGÉTICA, MILITAR Y ECONÓMICA, REPRODUCIENDO LA VIOLENCIA ESTRUCTURAL DEL CAPITALISMO NEOLIBERAL, UN MODELO BASADO EN LA COOPERACIÓN Y PROTAGONISMO DE LA SOCIEDAD CIVIL EN EL DESARROLLO ECONÓMICO, EN LA SEGURIDAD Y EN EL AUTO-ABASTECIMIENTO ENERGÉTICO – Y ALIMENTARIO -.