sábado, 18 de enero de 2014

Fascismos "low cost" - o el arte de idiotizar sonriendo -






Tengo muy claro qué quiero ser de mayor : ex – presidente. No presidente, no, que gobernar, aunque sea mal y de espaldas a la gente, genera mucho estrés
Lo que no tengo aún claro son las cifras que desvelan lo que cobra Felipe González en su ardua labor de conferenciante y tertuliano global, ni las cifras que desvelan lo que le ha costado erigir esa fundación en la que se estudiará a sí mismo antes de muerto : La fundación Felipe González.


Esto de auto-erigirse fundaciones y auto-condecorarse con medallas pagadas de antemano, en la jet-set, es costumbre muy arraigada, algo así como auto-postularse como seleccionador nacional, entrenador o jefe de estado detrás de una barra en ambientes más lumpen. Aznar se fue a mendigar dos gramitos de inmortalidad histórica al sionismo norteamericano y Felipe González mendiga otros tantos de lo mismo auto-financiándose fundaciones antes de que la señora de la guadaña le pase el cepillito por el cuello. Ambos, por supuesto, tiraron y tiran de la platita correspondiente a su condición de ex – presidentes.




En fin, los seres humanos somos así : un pellizquito más patéticos a medida que nos van otorgando má sstatus.

Los ex – presidentes del laborismo británico no se quedan atrás y, al parecer, tienen costumbres muy semejantes a nuestros peninsulares ex – estadistas : 250.000 euros, según el Financial Times, será lo que Tony Blair percibirá por cada conferencia; esto, unido a su sueldo de ex y a la red de compañías creadas por él después de su mandato para gestionar su trabajo de asesor político – financiero - que al parecer le reportan, también, pingues beneficios -, le garantizan de por sí una de esas jubilaciones al alcance de pocos mortales. Sin duda, Christine Lagardé babearía para que jubilaciones como las de Tony Blair fuesen la norma y no la excepción; así, la actual directora gerente del FMI ya no tendría que preocuparse demasiado en gastar tanto en pensiones para pobres lóngevos.

El sexuagenario Tony Blair, además, es un hombre de paz. Y como es un hombre de paz, y de hacer los amigos adecuados sabe mucho, no podría comportarse de otro modo que dando conferencias sobre el conflicto – cómico eufemismo – Palestino-Israelí en la capital del Estado, donde la ONU, Rusia, Estados Unidos y la Europa fortaleza marcan cita de vez en cuando para perorar sobre resolución pacífica de conflictos en Oriente Medio.

En realidad, es para mearse de la risa, sí, pero en idealidad es para entrar en tropel a sus conferencias y tirarles mierda de vaca a la cara. En mi país de nacimiento, Galicia, por cierto, tenemos a toneladas.

Las colaboraciones de Tony Blair en el asesoramiento de grandes compañías hidro-carbúricas y la íntima relación de éstas con los linajes familiares de las petro-monarquías árabes no son ningún secreto, como tampoco es ningún secreto la cantidad de basura geo-estratégica que la auto-denominada socialdemocracia Europea tiene que tragar – y llega incluso a creerse – de los grandes trusts mediáticos, petrolíferos y armamentísticos de occidente. Hay algo realmente escalofriante en el hecho de que alrededor de todo un gran conglomerado de fundaciones, ONG’s e instituciones de sensibilidad socio-liberal que promocionan y conferencian estrategias para luchar por una cultura de paz, para implementar planes bilaterales de co-desarrollo entre estados, para sensibilizar en proyectos de desarrollo eco-sostenibles.. etc; hay algo realmente escalofriante, digo, en este sutil y sonriente neofascismo de las buenas maneras y las buenas palabras, porque toda la maraña de instituciones que ha sido absorbida por él y por lo que José Vidal Beneyto llamaba la ideología soft nunca cuestiona las relaciones de poder vigentes, ni tampoco analiza el impacto localizado de un sistema global de gobernanza en el que los aprovisionamientos energéticos, las políticas glo-locales deseguridad geo-estratégica y las agendas mediáticas son totalmente fagocitadas por los clásicos criterios economicistas de la privatización y la cortoplacista rentabilidad contable.




Ponerse en guardia y desarmar el lenguaje de este neofascismo de baja graduación ideológica eideología soft, que trivializa y re-significa los valores y las prácticas eco-pacifistas para adaptarlos a un reformismo de baja intensidad que insinúa la capacidad de materializar una especie de capitalismo verde, o incluso una cultura de la no violencia dentro de la misma violencia estructural de la lógica mercantil, es de una importancia radical, puesto que en la expansión planetaria de esta ideología soft colaboran, no sólo los departamentos de marketing de las grandes corporaciones, sino también la pseudo-ciencia académica que se produce en no pocas universidades de ciencias sociales y humanidades, así como el “speech” mediático del sistema de partidos que se elabora en sus departamentos de in-comunicación y des-información
Otro mundo es posible si … nos ponemos a pensar antes de caminar. Como siempre, distanciarnos y saber formular las razones y motivos de un NO colectivo, sigue siendo más importante que empezar a caminar sobre frágiles puntos de partida.

jueves, 9 de enero de 2014

Tiempo de imaginar



Lo que nació de un acto de violencia constituyente/destituyente bien podría morir - de hecho, suele hacerlo - en un acto de violencia constituyente/destituyente. De hecho, si somos más precisos, un acto de violencia constituyente tiene como motivación profunda la destitución de cualquier auctoritas que se haya justificado, o bien a través del discurso legalista de la tradicional retórica formal del liberalismo, o bien a través del discurso populista-carismático, con su culto a la personalidad adscrito... o bien a través del uso de la violencia, informal-clandestina o formalizada legalmente. Como no confío mucho en el poder omnímodo de las palabras y las categorías para analizar la complejidad de un proceso social, me gustaría especificar que, si aplicásemos una mirada documental a los mismos, esto es, si aprendiésemos a observarlos, enfocarlos y mirarlos mientras acontecen, en lugar de encerrarlos en demasía en categorías conceptuales, nos daríamos cuenta de que el discurso legalista de latraditio liberal decimonónica, el discurso populista-carismático y el uso de la violencia, bien bajo el parapeto de una retórica legalmente formalizada o bien bajo el parapeto de cierta necesidad de resistencia en ambientes informales-clandestinos, se intercambian muchas veces los papeles en el mismo proceso constituyente/destituyente, siendo utilizados muchas veces, sino siempre, como recurso estratégico y simbólico para fortalecer y consolidar de partida regimenes políticos que han perdido todo consentimiento con la sociedad civil, por un lado, o como recurso estratégico y simbólico para predisponer afectivamente a la sociedad civil para que crea y colabore cooperativamente en la cultura cotidiana para generar una alternativa a la civilizatio neoliberal.




Aquí, precisamente, quería llegar : ¿ Porqué todo poder - o contrapoder - busca religiosamente, e incluso se escuda, en el consentimiento civil ?. Claro, todos presuponemos que eso es lo que debería hacer si quiere ser - o parecer - democrático. Pero el chiste del asunto se desvela cuando caemos en la cuenta de que, habitualmente, y con más frecuencia de la deseada, tanto el poder como el contrapoder hacen mucho más énfasis en la necesidad de ganar-tener el consentimiento civil que en la no menos acuciante necesidad de producir una cultura autónoma; esto es, sujetos autónomos. ¿ No resulta extraño que, al mismo tiempo que se lucha encarnizadamente por la necesidad del consentimiento civil se haga muchísimo menos énfasis - cuando no, directamente, se niegue - en su necesidad de autodeterminarse; sobre todo cuando es ella misma, la instancia civil de la sociedad, sin intermediarios, la que pide a gritos su legitimidad para reformular los fundamentos éticos y jurídicos que deberían fundamentar su contrato social ?.

En este drama, precisamente en este, se capta la ambivalencia y la disonancia del sujeto que no está dispuesto a renunciar a una situación de comodidad vital o privilegio para sumarse a un proceso constituyente/destituyente que haría peligrar los cimientos materiales de su confort o privilegio, situándolo en un molesto principio de incertidumbre. Todos, más o menos, y yo me incluyo, hacemos este cálculo cuando se trata de asumir compromisos de máximos a cambio de nada, a no ser de un gasto absurdo de energía y de la precarización de los cimientos materiales de la libertad humana. Todos, yo creo, somos un poco ambivalentes y disonantes cuando nos plantean un proyecto político, por así decirlo, de máximos revolucionarios; ese tipo de proyectos edulcorados con narrativas políticas en las que los buenos, los malos, los justos, los injustos, los paraísos sociales a la vuelta de la esquina y las soluciones finales están tan claras como un sencillo problema de cálculo o pensamiento lógico. He visto y captado esta misma ambivalencia, así como percibido la doble moral que he mentado en el anterior párrafo, en los pequeños círculos delnacionalismo de izquierdas, tanto en el institucionalmente consolidado (BNG) como en el emergente que se ha divorciado institucionalmente del anterior (ANOVA). Por lo que a mí respecta, mi alejamiento es cada vez más profundo, tanto por la terrible opacidad comunicativa y lentitud de su diseño institucional como por el propio ecosistema de ideas que lo habita. Pensé que la categoría izquierda y la categoría nacionalismo podrían ser compatibles en determinados contextos, me equivoqué. Sí. Me equivoqué como cuando me equivoqué creyendo que en los círculos intelectuales gallegos podría sembrarse aquello que André Gorz llamana "El humanismo del trabajo". Me equivoqué, por las siguientes razones :




1- Porque los maximalismos identitarios y programáticos de la izquierda nacionalista ya sólo me parecen necesarios en contextos y geografías dramaticamente adversas, y cuando digo dramaticamente adversas estoy pensando en dramas de verdad como los de Gaza - es un estudio de caso entre otros muchos -.

2 - Porque antes de autogobernarse, civil e institucionalmente, hay que tener un programa de gobierno a corto plazo ya diseñado, siendo estéril el resistencialismo simbólico permanente justificado bajo la estrategia del cuanto peor - desgobiernen ellos - mejor - oportunidad tendremos para ocupar su sillón -.

Cometí un error confiando en el nacionalismo gallego de izquierdas, y de él, personalmente, pienso y quiero aprender, lo cual no implica convertirme al furibundo anti-nacionalismo de muchos neo-conversos.

Ni el estatalismo ni el nacionalismo, como ingredientes ideológicos, son capaces de ofrecer nada consistente a la sociedad civil. Ante todo, por esto : porque es lo único que son, ideología en estado puro, pero de la mala. El opio del pueblo en versión secularizada, pero sin una propuesta política concreta y de mínimos que secularice la sociedad civil-política de la ciudad de Dios, tanto financiera como administrativa y educativamente. Cuando el estado es, en sí mismo, un fin, y no un medio, y cuando la normalización cultural en contextos de marcada subalternidad es un fin en sí mismo, y no un medio para desarrollar las singularidades de una cultura nacional, el caldo de cultivo para nuevas formas de micro o macro totalitarismo, de racismos de mayorías o minorías, está cocinado de antemano.

Concretar específicamente planes de desarrollo cooperativo local, así como materializarlos y trabajarlos sobre el campo. Concretar específicamente los fundamentos de una reforma del régimen salarial y fiscal vigente, cuya desproporcionada injusticia mantiene a la sociedad civil en una situación de precariedad vital lo suficientemente seria como para manifestarse en índices de suicidios nunca vistos desde la España de la transición. Concretar muy específicamente la forma de declarar jurídicamente no vinculante el concordato firmado por el Estado Español con la santa sede antes de que el mismo Estado español se dotase a sí mismo de una constitución. Concretar reformas constitucionales concretas que caminen hacia la concepción de España como una entidad política compuesta por sujetos políticos tan plurales como las naciones que la integran, y cuyo contrato de convivencia no tiene porque ser irrompible si así lo quisiese una amplia mayoría de sus sociedades civiles. Concretar específicamente la recuperación de la gestión y administración integralmente pública del sistema sanitario y educativo, así como expandir el gasto público en todo lo referente a la cobertura de situaciones de dependencia física o psíquica. Concretar específicamente cual es el ratio de gastos e ingresos fijos que el estado debería comprometer en el mantenimiento y riego financiero de su sistema sanitario y educativo, con una rigurosa planificación de estudios de necesidades y recursos tecnológicos y humanos en esos ámbitos. Especificar que este esfuerzo de ingreso debe realizarse a través de los gravámenes a las grandes rentas y no sobre los consumos y las rentas del trabajo, es de capital importancia. Como lo es, antes de todo y sobre todo, especificar los términos en los que y las cuantías sobre las que la deuda soberana de nuestro nada soberano estado debería ser considerada fraudulenta e ilegítima, así como la derogación de todo tipo de legislación civil que niega a las mujeres el derecho a auto-determinar sus cuerpos y ser dueñas de sus decisiones reproductivas.

Esto, es un trabajo mental y práctico que requiere coordinación y eficacia, no sólo en los movimientos sociales, a los que considero esenciales e irrenunciables como agentes de cambio y como muros de contención ante el avance de la civilizatio neoliberal. Y a los que considero, además, clave a la hora de frenar la tendencia de los partidos políticos clásicos a formular estrategias de comunicación y acción social - las dos actividades deben ir de la mano - de consumo fácil y con criterios puramente electoralistas y cortoplacistas.

Reflexionen, pues, los defensores de esencias patrias y libertarias, y no sólo del nacionalismo gallego de izquierdas o de la izquierda nacionalista, sino también de la izquierda estatalista, porque mientras ellos hacen de nosotros sujetos nómadas y mestizos, obligándonos a asumir los puntos de partida y los esencialistas fundamentos territoriales y culturales de la ciudadanía - tan circunstanciales como nuestro nacimiento -, nosotros seguiremos recordándoles sus errores y asumiendo los nuestros.

La política - realmente existente - sigue siendo un desierto. Afortunadamente, la vida,de momento, aún puede ser otra cosa. Es, sigue siendo, tiempo de imaginar.