Hay cosas que no conviene sacar en primera plana. Ni las sensatas palabras que rumoreaban los cientos de miles de peligrosísimos anti-sistema que abarrotaban la capital de Estado desde Colón hasta Atocha el 22 de Marzo, ni el sincero y emocionado aplauso que no pocos vecinos de Madrid nos dispensaron al hacer aparición, como diciéndonos, sois bienvenidos, y entendemos vuestra causa.
Confieso que me esperaba algo peor, pero al final me quedo con el ! benvenutti ! de la Madrid solidaria y alegre que, con el paso del tiempo, se juntó con el resto de las personas que cruzamos la península para dejar bien clarito qué es lo que no estamos dispuestos, ni a vender, ni a ceder a otros.
Todas las plataformas de afectados por la hipoteca, todas las personas que reclaman urgentemente un proceso constituyente/destituyente de total ruptura con los consensos morales, legales y simbólicos de la transición española, todas las plataformas de inmigrantes ninguneados y deportados a su país de orígen sin garantías judiciales desde los CIE, todas, la gran mayoría, con categórica intención de recordar la que será la máxima moral más incómoda de este siglo 21 que ya ha empezado : "No debemos, no pagamos". Todas ellas, sí, dándose la mano de Colón a Atocha en un trazado ya predefinido por el ministerio del interior , y que delata claramente la intención, como siempre, de concentrar a grandes masas de personas en calles estrechas, con la intención de tirar a la baja, a posteriori, el número de asistentes.
Todas ellas, también, reclamando Justicia, no impunidad, en referencia a la reciente contra-reforma legislativa del PP que limita la aplicación y alcance del principio de jurisdicción universal, todas las pancartas - esas que tan poco gustaban a Aznar y a la izquierda más chic - pidiendo apoyo económico para repetir de nuevo la marcha en un futuro no muy lejano, todas las banderas roji-negras, verdes, violetas, pacifistas y republicanas. Todas las personas reclamando una Europa social, el cierre de los centros de internamiento para extranjeros, el rechazo frontal a la ley mordaza... Todas las personas que sorprendieron con sus breves y claros sueñecitos para los años venideros en sus carteles : "Democracia, lucha diaria". "Democracia económica". "Queremos trabajar, no caridad". "Sin pan, no habrá paz". "Que se vayan los borbones". "Por una república de trabajadores". "Si no luchas en la calle, no te quejes en casa". "Todos somos inmigrantes". "Españoles, franco ha vuelto". "El miedo no nos representa". "No me roben mi futuro". "Otra europa es posible". "Violencia es cobrar 600 euros". "Euro-violencia no : pueblo manso, buen esclavo". "La banca, al banquillo". "No son suicidios, son asesinatos : ningún desahucio más". "Vuestra deuda no la pagamos". "No al pago de la deuda ilegítima". "Cuando una ley es injusta, lo correcto es desobedecer". "Organicemos poder ciudadano". "People have the power". "¿ Por qué manda el mercado, si no lo hemos votado ?". "Eurodictadura a la basura". "UE laica y de todos". "Si luchamos, podemos perder, sino luchamos, estamos perdidos". "País mudo, no muda". "El miedo va a cambiar de bando" y - tomemos nota - "Ante el fascismo, jueces valientes"
Sí, están ahí y conviven con nosotros. Somos nosotros. Somos parte de la España que trata de emerger entre un constante manto de invisibilización mediática y paternalista indiferencia política. Juraría que todos los que por allí caminábamos a dos patitas teníamos algo en común y muy urgente que solucionar ; ni más ni menos que el control sobre nuestras condiciones de existencia, sobre nuestras vidas, ante la constante usurpación y desposesión de las misma por parte de intermediarios y poderes que nosotros, ni generamos, ni escogemos.
No sé qué opinarán ustedes, pero a esta comunidad de seres que se expresaron y caminaron pacífica y alegremente en esa horrorosa e impersonal capital de Estado llamada Madrid, con sus grandes rascacielos, sus enormes e impersonales avenidas, su sepulcral silencio nocturno tan solo acompasado por el rumor de las ruedas en el asfalto, sus mastodónticas torres que pavonean el omnipresente poder de sus entidades bancarias y financieras.. ; a esta comunidad de seres, digo, que por allí pasamos, solía llamársenos, antes, comunistas o anti-sistema, lo cual es un sentido común muy agradable al que agarrarse en tiempos tan, tan sombríos y violentos como los que estamos viviendo.
Cuando estos peligrosos anti-sistema marchan - marchamos -, siempre se nos espera con toda una extensa comitiva de policías y anti-disturbios. Y si al final de la manifestación hace falta armar algo de bronca para ofrecer el fácil y moralista morbo mediático en el telediario de las tres, cuando las familias se juntan a mentjar con sus hijos, pues se hace, y punto. Siempre será más fácil hacer énfasis en la violencia del disidente y anónimo ciudadano agredido que en la muy armada y profesionalizada violencia del agresor uniformado.
Tan solo cumplía órdenes, dijo Eichmann en su tiempo, para justificar la gestión de los crematorios judíos. Tan solo cumplo órdenes, se sigue diciendo ahora, para justificar violentas represiones en manifestaciones pacíficas y legalmente organizadas. -. La razón de estado sirve para todo. En este aspecto, tiene las mismas consecuencias que la obediencia ciega.
Mientras tanto, esvásticas fascistas, cada vez con más frecuencia, amanecen en las sedes de los sindicatos y partidos comunistas en todo el estado. Mientras tanto, plataformas y partidos de extrema derecha se pavonean por las calles con un control policial mucho menos denso y más amable, y todo ello mientras gritan máximas cuyo supuesto valor, encaje constitucional o espíritu democrático es, no sólo dudoso, sino imposible.
Es entonces cuando caes en la cuenta de que en todos los países del mundo, por muy diferentes que puedan ser sus realidades y contextos, se repiten constantemente las mismas estructuras cognitivas y afectivas, las mismas pautas sociales de conducta, los mismos discursos, la misma soporífera doble moral : a las minorías - o mayorías - de extrema-derecha, incluso cuando se manifiestan con razones y formas totalmente incívicas, hay que cuidarlas y mimarlas o, como mucho, darles un teatralizado tirón de orejas desde los periódicos y medios audiovisuales. Al fin y al cabo, éstas son la expresión, física y espiritual, de lo único que puede encajar funcionalmente en las estructuras de una sociedad capitalista, si la cosa se pone muy fea.
Eso sí, a las minorías de izquierdas, y en concreto, a los comunistas más libertarios afines a los movimientos sociales, hay que recibirlos con una buena exhibición de anti-disturbios y con violencia correctiva a la mínima de cambio. Sus pensamientos y demandas son, al fin y al cabo, la expresión física y espiritual de lo que nunca podrá encajar funcionalmente en una sociedad capitalista.
Ya se sabe : es mejor, por conveniencia e interés, usar a tontos útiles, por muy brutos e ignorantes que puedan ser, que hacer caso a hombres justos y civilizados y permitirles que éstos practiquen sus principios en serio.
Al fascismo, mimos constitucionales. Al anti-capitalismo razonado, propositivo y organizado, estigmas morales y constitucionalistas. Esto, y no otra cosa, es lo que nos obligan respirar en el estado español a día de hoy. Dicho de un modo claro : una dictadura de mercado con aroma nacional-católico en permanente estado de excepción y violencia legalmente justificada.
¿ Qué hacer ? : organizar la resistencia para recuperar la vida. Tanto dentro como fuera de España.
¿Empezamos de nuevo?.








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