viernes, 11 de abril de 2014

Memoria : patrimonio común de la humanidad


No sé si a alguien le parece significativo. A mí, por lo menos, me parece materia de reflexión. Me refiero, concretamente, al enfrentamiento de los hijos de Martin Luther King por su memoria. Al que aquí escribe, no le extraña en absoluto. Recientemente pudimos darnos cuenta, después de la muerte de Nelson Mandela, de que la familia de Madiba tiene también serias reyertas internas con el fantasma del premio nobel de la paz. Hay muertos, al parecer, más vivos que muchos vivos.





Resulta como mínimo sospechoso que las familias de tantos y tantos personajes públicos importantes en la historia cultural de un país sean fruto de una lucha fratricida entre la voluntad de los oportunistas de turno por re-significar politicamente su vida y obra y la voluntad de los familiares de turno por hacerse con los derechos de autor - y monopolio interpretativo - de la vida y obra del difunto. En el fondo, todo es más simple y cutre de lo que parece : los estados y sus gobiernos siempre re-escriben y re-interpretan el legado de los personajes públicos arrimando demasiado el ascua a su sardina, sobre todo cuando se trata de personajes que canalizaron altas dosis de esperanza y emociones colectivas en el pasado reciente; por su parte los familiares de estos personajes públicos, en muchas ocasiones, acceden a la presión de los grandes medios, de la industria cultural y de las administraciones de cultura vendiendo por cuatro duros el legado inmaterial del difunto, sin importarles si éste se transmite con un mínimo de veracidad y rigor histórico.
¿ Es esto algo nuevo ?. No; en realidad, empieza ya a ser un lugar común bastante interiorizado en la sociedad civil eso de que la memoria es una construcción social en la que los medios de reproducción técnica y los intereses corporativo-políticos contribuyen en gran medida a generar el rudio, la confusión, la manipulación y la propaganda que les interesa para proceder al total vaciamiento político del sujeto y de su relación con la comunidad. Lo que parece no ser un lugar común, al menos juzgando sus líneas editoriales y contenidos, es la necesidad de que esa profesión que llaman periodismo deje de ser lanzadera para cuenta cuentos y opinadores expertos en nada para reconvertirse en lanzadera de comunicación social sin cortapisas ideológicas a la hora de establecer los marcos y los discursos posibles. No se trata, ni mucho menos, de apostar por un post-moderno todo vale, sino de establecer unos criterios claros que sepan diferenciar lo que es analísis partiendo de hechos de mera propaganda a bombo y platillo.
Como en política, aquí también chocan la lógica de lo posible, que opta por hacer lo que se pueda dentro de estructuras mediático-políticas ya viciadas de antemano por criterios empresariales, con la lógica de lo deseable, que opta por adoptar esas mismas estructuras a la pluralidad real de visiones existentes en la sociedad civil. Es rotundamente imposible llegar a consensos claros que no oculten las disidencias subyacentes en los mismos, sobre la vida y obra de Martin Luther King, por ejemplo, o de Mandela, o de Salvador Allende, o de cualquier otro personaje público especialmente relevante en la historia colectiva de cualquier país, si la lógica clánica del interés/conflicto familiar , de la industria cultural de masas y del interés instrumental y cortoplazista de los gobiernos interceden y escogen, selectiva y meticulosamente, qué investigadores y en qué marcos y lenguajes pueden interpretar la vida y obra de Martin Luther King... y qué investigadores, marcos y lenguajes excluímos silenciosamente del debate. La intención, en este criterio selectivo y silencioso, es tan profundamente política como es el ensordecedor y delirante ruido mediático de la propaganda.
La memoria es, debería ser, patrimonio común de la humanidad, no sólo aquella que va sedimentando poco a poco en el imaginario colectivo de los pueblos, sino aquella que, en el presente, construímos esforzadamente como muro de contención a la propaganda. Que la neutralidad es una quimera, pocos, cada vez menos, lo dudamos a estas alturas de milenio, pero confundir la parcialidad de la mirada con un supuesto derecho no escrito a no contrastar empiricamente ni someter a crítica los propios argumentos, conformándose tan solo con verbalizarlos sin oposición discursiva, flaco favor hace a la Justicia, a las libertades civiles y a la democracia.




martes, 8 de abril de 2014

Clausurar el postmodernismo - y la postmodernidad -



"Contra la censura : ensayos sobre la pasión por silenciar". Si de querer entender la complejidad del fenómeno se trataba, esta colección de ensayos de J.M Coetzee cumple satisfactoriamente el objetivo y, además, aporta luminosas intuiciones en tiempos de sectarismo, hiper-susceptibilidad ideológica y vacua retórica postmoderna :
"La Censura es un fenómeno que pertenece a la vida pública, y su estudio abarca varias disciplinas, entre ellas el derecho, la estética, la filosofía moral, la psicología y la ciencia política".

Con esta voluntad arqueológica e interdisciplinar empieza el premio nobel surafricano su soberbio ensayo. Es, contra la censura, uno de esos libros que llegan a doler por la luz que contienen. Es, también, uno de esos libros que llegan a convencerte de que no hay mejor manera de entender algo que desear profundamente entenderlo... y someter ese deseo a cierto rigor metodológico.
Deseo y rigor tiene, también, esa joya de Alex Ross que lleva por título El ruido eterno : escuchar el siglo 20 a través de su música. El intento de Alex de entender la triste y loca historia del siglo pasado recorriendo el paisaje de las emociones y partiendo del lenguaje más profundo creado por esta loca especie - la música -, empieza en la Viena y en el París de preguerra, en los años 20, pasa por la Alemania hitleriana, la Unión Soviética... y llega al Nueva york de los años 60, acabando su recorrido a finales de los 80.



Hay algo realmente edificante en el libro de Ross, y es su intención de mostrar las tensísimas relaciones entre el arte, como pulsión creativa, y su recepción social y política, con toda su carga de valoraciones morales e ideológicas incorporadas. Las repulsiones y afinidades electivas entre compositores y su vínculo emocional con otras artes como la poesía, la literatura y la pintura, también forman parte de ese poliedro afectivo que Ross reconstruye con una prosa ágil y amena.
¿ Qué tienen en común el libro de Coetzee y Ross ?. A mi modo de ver, que forman parte de esa clase de libros que Eduardo Galeano adjetivaría como sentipensantes. Libros escritos con mucha pasión y con mucha voluntad de ir a la raíz del asunto.Libros que desestabilizan, provocan, saliéndose de los moldes cognitivos y afectivos interiorizados como verdades impepinables por cierto sentido común tranquilizador, y respondiendo a las mentiras impuestas por hábito mental, o por la fuerza, con nuevos modos de entender - y sentir - la realidad, haciendo de la crítica cultural y el ensayo todo un acto de creación, una libertad radical en la mirada.






Que yo recuerde, fue la lectura de Mirar y Otro modo de contar, de John Berger, así como también Estilos radicales, de Susan Sontag, lo que me hizo caer definitivamente de mi confianza ciega en las palabras. Esa caída del paraíso en el que el principio fue el verbo, es una caída dura, traumática, incluso, pero uno se recupera sumergiéndose en otros tipos de lenguaje como el fotográfico, el musical, las artes plásticas y visuales. Los seres humanos no soportamos la nada. Estamos constantemente reinventando nuestro modo de entender y sentir el mundo, y por muy tranquilizador que pueda sonar el imperativo de que debemos aceptar nuestros límites, si hai algo que una mirada lúcida y curiosa no puede soportar es precisamente eso, aceptar los susodichos límites para justificar su impotencia creativa. 
Si el vacío del silencio impuesto por la fuerza y la violencia es lo característico de la civilizatio neoliberal, tanto como lo es el vacío del ruido y desfragmentación mediática impuesta por la corporativización privada de los medios de reproducción técnica del mensaje, sólo nos queda confiar en el ruidoso silencio del arte y en los clásicos valores de libertad, igualdad, justicia y búsqueda de la verdad que agrupan a lo más honesto que pueda quedar del pensamiento ético y político en occidente. Limpiar - por así decirlo - a las artes, a las ciencias sociales y a las humanidades de la gran carga de residuos eurocéntricos que han acumulado durante siglos de pensamiento y práctica colonial, debería ser una tarea lo suficientemente amplia, seria y paciente como para tomarse el aventurerismo revolucionariocon un poco más de calma.
A las ciencias sociales, a las artes y a las humanidades, digan lo que digan sus representantes académicos, hay que aprenderlas también a mirar de otro modo y sacarlas de la torre de marfil de sufilologismo, puesto que no hay acto cotidiano más mediado por los imaginarios y los medios de reproducción técnica del mensaje que ese - aparentemente - intrascendente acto de mirar las cosas. 
Y para muestra, un botón : Margaret Bourke White. Se necesita, realmente, una sensibilidad especial, para capturar en tan poco espacio la materialidad y el espíritu - por así decirlo - que subyace a la propaganda de la American way of life : Una larga cola de negros en paro. Caras de circunstancias y tristeza asumida. Por encima de sus cabezas, un cartel enorme visualizando el prototipo ideal de vida que ofrece la fábrica de sueños de Lady América : una familia nuclear, heterosexual, de piel blanquita, dentro de un coche y camino de un picnic dominical. Sus crucifijos remarcando el hecho de que su amor ha sido gestionado por la vía confesional. Su parejita, hijo e hija, detrás del asiento, con relucientes sonrisas de felicidad. Como no, tampoco podía faltar el automóvil, símbolo de independencia y autonomía indidivual, para completar la cuadratura del círculo. En la parte inferior del cartel, la frase sentenciosa, arrogante y lapidaria : There's no way like the American way of life!. Toda una propuesta civilizatoria de felicidad colectiva con principio, nudo y desenlace final. Por supuesto, con final feliz y victorioso, faltaría más.



Nuestra vida cotidiana está llena de este tipo de sugerencias impositivas formalizadas con propagandística sutileza, de este tipo de poder blando que nos está sugeriendo, constantemente : Sé normal. Sé como ellos. LLeva una vida decente. Desde el ámbito familiar, las instituciones educativas, la sociedad civil, el mundo del trabajo... esta propaganda permeabiliza poco a poco las relaciones humanas, por mucho que queramos ignorarlo u ocultar el problema, y el código que subyace es muy fácil de descrifrar : No te atrevas a tomar tus propias decisiones. No te atrevas a guiarte por convicciones profundas y razonadas. Averguénzate de quien eres y de la vocecita que late en tu interior. ! Estás solo !. Son códigos funcionales, al fin y al cabo, a las pautas de conducta que sostienen a todad una sociedad gobernada por el hiper-consumo y el miedo.
Ya hace mucho  tiempo que existe un fuerte consenso simbólico y cultural en la sociedad civil, y desde muchos frentes y disciplinas, sobre la necesidad de abandonar ipso facto un horizonte civilizatorio sin salida, que no es otro que el camino único que marca la concepción del progreso en clave futurista y economicista de nuestras ultra-liberales democracias, y que choca rotundamente con una visión más circular y abierta del tiempo. Circular, porque el mundo secular tiene su propio sístole-diástole, sus propios tiempos vitales, que son los que empujan desde la tradición cultural adquirida y la recepción de la misma. Abierta, porque no hay nada más absurdo que hablar de universos estáticos y mecánicos, ni del cielo para arriba, ni del cielo para abajo. Para muestra, un botón : los aforismos de Jorge Wagensberg. El milenio huérfano de Boaventura de Sousa Santos y los ensayos de John Berger. Es, como mínimo, esperanzador y luminoso, el ver como un físico, un sociólogo y un artista pueden caminar por los mismos senderos contra-hegemónicos y compartiendo los mismos diagnósticos que he mencionado al principio del párrafo.



En nuestro modo de interpretar receptivamente las tradiciones culturales adquiridas, así como en nuestro modo de usarlas para generar espacios, mentales y sociales, de autonomía, solidaridad y cooperación mutua, es donde nosotros aparecemos ante los demás como lo que ya somos : seresnuevos que conviven en lógica tensión entre lo viejo y lo nuevo que aún no hemos sido capaces de materializar. Asumir esta contradicción y esta tensión es necesario si uno quiere realmente sentirse parte activa en una nueva política y en una nueva cultura. No hace falta recordar, desde luego, que cualquier tradición cultural en el que el valor de la persona y su autonomía, así como sus derechos fundamentales, están por debajo de su conservación o interpretación canónica, no merece ser, ni conservada, ni reinventada. Dá verdaderos escalofríos el hacer una mirada retrospectiva en la historia de la humanidad, puesto que en nombre de muchas concepciones del mundo tradicionales, supuestamente intocables, se han cometido una miríada incalculable de violencias y brutalidades, pero también, en oposición a éstas, el ser humano ha sido capaz de imaginar e inventar modos de pensar y modos de hacer para resistir solidaria y colectivamente.
Ya no hay vuelta atrás. Las salvaciones individuales, demostrado está, devienen tarde o temprano en nuevas formas de cínico y reaccionario conservadurismo e incluso desestructuran profundamente los vínculos de solidaridad más básicos y cotidianos de las comunidades. El reto que - creo - deberíamos afrontar en este recien entrado siglo, no creo que sea muy diferente de los retos que se propusieron los sociólogos, psiquiatras y pedagogos como Marx, Frantz Fannon o Paulo Freire. Por muy post-lo-que-seaque quiera ser un sujeto, siempre tendrá que vérselas conflictivamente con muchas traditios del pasado, con su momento presente y con su afán de trascender y humanizar lo dado.
Mi propuesta cultural, desde un punto de vista genérico, es el siguiente : clausuremos arrogantementea la postmodernidad auto-satisfecha, sonríamos a postmodernos sinceros - sin tomárnoslos muy en serio -, y sigamos generando otros horizontes. Hoy, es posible, no saldremos en la tele. Mañana, seguramente, tampoco. Pero, estoy seguro, después de nuestra vida física, nuestros hijos seguirán tratando de entender el mundo con Marx, con Fannon o con Paulo Freire.





domingo, 6 de abril de 2014

La imaginación - y sus límites -


Lengua, cultura y política son hechos sociales totales, por así decirlo, y vinculados. No tiene sentido pensarlos por separado. Las relaciones de poder se hacen visibles en los usos linguísticos y en eso que llaman la convivencia intercultural. No existe ninguna relación armónica en tal convivencia, y pensar lo contrario es mentir o autoengañarse. Sumergidos como estamos en una estructura económica planetarizada caracterizada por profundas desigualdades, asimetrías y exclusiones, la ilusión de armonía y pose equidistante a la hora de reivindicar los derechos económicos, linguísticos y culturales recogidos en el pacto internacional firmado en 1966 por la asamblea de la ONU, no es más que una nueva ideología colonial. Podría denominarse como aquello que tan lúcida y precisamente Edward Said llamaba las estructuras de actitud y referencia que marca el imperialismo cultural.


Recuerdo que en mi estancia anual como alumno Erasmus en la ciudad de Braga, en Portugal, y concretamente en la Universidade do Minho, tuve la suerte de poder asistir a una conferencia que cambió por completo mi concepción del mundo. La conferencia llevaba por título The power of narratives and the narratives of power, y en ella, filósofos, sociólogos, filólogos, traductores, historiadores y comunicadores, en una fecunda colaboración interdisciplinar e internacional, reflexionaron largo y tendido sobre la íntima relación de su actividad científica con las relaciones de poder establecidas en el propio espacio geopolítico donde se realizaban profesionalmente o impartían docencia. Reflexionaron, también, sobre la constante instrumentalización que estas relaciones de poder ejercen sobre la producción y transmisión de conocimientos propios de su área docente, así como sobre la retórica aparentemente neutral con la que esta relación de instrumentalidad trataba de justificarse.


Como conclusiones genéricas a las que se llegó al final de la conferencia, no cabe resaltar ninguna novedad : no existe una forma, digamos, propiamente científica, para entender el poder, pues éste tiene muchas dimensiones, El poder está siempre latente, escondido, y los discursos que genera tienen como motivo profundo el silenciar el conflicto o hacerlo invisible. Repasando las viejas notas que tomé en aquella conferencia me llaman la atención las siguientes afirmaciones :
1- No existen palabras sin organizaciones. La semántica y la estructura formal del discurso tienen una cocina institucional desde la que se prepara el nuevo caldo ideológico para imponer una representación totalizadora de la realidad.



2- Es imposible capire il potere y cómo este se estructura y reproduce sin tener en cuenta que éste se fortifica y relaciona a un plano inter-nacional.




3- Los cánones de las tradicionalmente llamadas literaturas nacionales acaban excluyendo a aquellos que no encajan en el mismo. Es necesario universalizar epistemologicamente el estudio del hecho literario estableciendo relaciones comparativas y complementarias.


4- Existe una fuerte tendencia a pensar la política sólo en términos jurídicos. El formalismo jurídico tiene severos límites, así que es necesario pensar la democracia en otros términos - supongo que éticos -.



5- Para hacer reflexión social seria, substantiva, sólida, hai que escapar de eso que los Portugueses llaman la saudade nostálgica, así como de los modelos formalistas y estáticos.
6- Las vueltas al pasado, en la reflexión social, no son posibles, pero prescindiendo de la aportación de una historiografía seria, ésta no tiene sentido.
7- La traducción de cualquier discurso debe hacerse siempre a posteriori, revisitándolo desde el principio hasta el final, puesto que la llamada traducción simultánea limita mucho la comprensión plena y contextualizada

8- En el futuro, las ciencias sociales y linguísticas tenderán a unirse en una sola.

9- En su tiempo, fue la literatura quien alimentó al cine de sus primeros recursos narrativos. Esa relación, hoy, posiblemente, se ha invertido.

Partiendo de estos nueve puntos no es difícil concluir que la sociología necesita de la sospecha, por así decirlo, como su leitmotiv creativo; ni el filologismo, esa insana tendencia a considerar que los conceptos y las palabras no están manchaditas y son politica e institucionalmente inocentes, ni la obsesión provinciana por denunciar las estructuras de poder del propio espacio nacionaldesvinculándolas de su relación con el espacio internacional, ni la crítica literaria centrada sólo en destacar las particularidades de la narrativa nacional y remisa al comparativismo literario con otras literaturas, ni la concepción más formalista, protocolaria, del derecho, desprovista de horizontes éticos y ecológicos, ni la concepción quietista y estática de la realidad re-actualizada bajo nuevas formas de conformismo reaccionario y romanticismo dulzón, pueden ayudarnos a configurar un espacio secular, por así decirlo, a partir del cual empezar a reflexionar seriamente sobre la raíz, situación y horizonte de la civilizatio neoliberal. Particularmente, me afecta y me enfada profundamente el ver cómo en España la Iglesia católica y el sistema bipartidista siguen relacionándose en un clima de doble moral calculada en el que la primera, la iglesia, critica al poder temporal mientras le reclama sus injustificados privilegios educativos, administrativos y económicos, y el segundo, el estado, incluso desde sus sensibilidades más social-liberales, mantiene los mismos al mismo tiempo que escenifica públicamente su malestar con algunos de los muchos exabruptos de la conferencia episcopal. Y lo de exabruptos es un eufemismo calculado por mi parte para no utilizar palabras mucho menos biensonantes.
No considero, ni mucho menos, que en el principio fue Dios, o que en el principio fue el verbo. Ni la teología ni la filología son santas de mi devoción y tiendo a considerarlas a día de hoy como - limitadas, como todo - herramientas para capire la realitá. La espectacularización o mass-mediatización de los escritores y del mercado internacional de la literatura y el cine más in, tampoco me parece muy sana, puesto que ésta tiende a utilizarse como artefacto afectivo, por así decirlo, para imponer corrientes de opinión pública - esto es, política - de modos mucho más sutiles y menos descaradas que la propaganda, y en las que los escritores suelen aparecer como comisarios del gusto cultural de turno. Jamás hubiese pensado, en mi vida, que llegaría a sentir la necesidad de entender y producir narrativas visuales así como de acercarme al documentalismo político y al fotoperiodismo para poder escapar como las liebres de la violenta omnipresencia de la propaganda en todos los espacios habidos y por haber de la vida cotidiana.
Todo lenguaje tiene límites, pero nosotros somos, en última instancia, como sujetos, los que activamos las posibilidades que nos ofrecen y cómo y para qué utilizarlos. Necesarias habilidades para tiempos de barbarie y propaganda continuada. Imaginar otros mundos es más fácil deconstruyendo a la mentira oficial desde todos los frentes. A esto, en mis tiempos, se le llamaba imaginar. Creo que, ahora, también. Sucede, claro, que para imaginar hace falta ser sensatos con los límites y posibilidades de los instrumentos que utilizamos.





jueves, 3 de abril de 2014

Estado de excepción : España, 22 de Marzo de 2014.

 
Hay cosas que no conviene sacar en primera plana. Ni las sensatas palabras que rumoreaban los cientos de miles de peligrosísimos anti-sistema que abarrotaban la capital de Estado desde Colón hasta Atocha el 22 de Marzo, ni el sincero y emocionado aplauso que no pocos vecinos de Madrid nos dispensaron al hacer aparición, como diciéndonos, sois bienvenidos, y entendemos vuestra causa. 




 
Confieso que me esperaba algo peor, pero al final me quedo con el ! benvenutti ! de la Madrid solidaria y alegre que, con el paso del tiempo, se juntó con el resto de las personas que cruzamos la península para dejar bien clarito qué es lo que no estamos dispuestos, ni a vender, ni a ceder a otros.
 
Todas las plataformas de afectados por la hipoteca, todas las personas que reclaman urgentemente un proceso constituyente/destituyente de total ruptura con los consensos morales, legales y simbólicos de la transición española, todas las plataformas de inmigrantes ninguneados y deportados a su país de orígen sin garantías judiciales desde los CIE, todas, la gran mayoría, con categórica intención de recordar la que será la máxima moral más incómoda de este siglo 21 que ya ha empezado : "No debemos, no pagamos". Todas ellas, sí, dándose la mano de Colón a Atocha en un trazado ya predefinido por el ministerio del interior , y que delata claramente la intención, como siempre, de concentrar a grandes masas de personas en calles estrechas, con la intención de tirar a la baja, a posteriori, el número de asistentes.
 
Todas ellas, también, reclamando Justicia, no impunidad, en referencia a la reciente contra-reforma legislativa del PP que limita la aplicación y alcance del principio de jurisdicción universal, todas las pancartas - esas que tan poco gustaban a Aznar y a la izquierda más chic - pidiendo apoyo económico para repetir de nuevo la marcha en un futuro no muy lejano, todas las banderas roji-negras, verdes, violetas, pacifistas y republicanas. Todas las personas reclamando una Europa social, el cierre de los centros de internamiento para extranjeros, el rechazo frontal a la ley mordaza... Todas las personas que sorprendieron con sus breves y claros sueñecitos para los años venideros en sus carteles : "Democracia, lucha diaria". "Democracia económica". "Queremos trabajar, no caridad". "Sin pan, no habrá paz". "Que se vayan los borbones". "Por una república de trabajadores". "Si no luchas en la calle, no te quejes en casa". "Todos somos inmigrantes". "Españoles, franco ha vuelto". "El miedo no nos representa". "No me roben mi futuro". "Otra europa es posible". "Violencia es cobrar 600 euros". "Euro-violencia no : pueblo manso, buen esclavo". "La banca, al banquillo". "No son suicidios, son asesinatos : ningún desahucio más". "Vuestra deuda no la pagamos". "No al pago de la deuda ilegítima". "Cuando una ley es injusta, lo correcto es desobedecer". "Organicemos poder ciudadano". "People have the power". "¿ Por qué manda el mercado, si no lo hemos votado ?". "Eurodictadura a la basura". "UE laica y de todos". "Si luchamos, podemos perder, sino luchamos, estamos perdidos". "País mudo, no muda". "El miedo va a cambiar de bando" y - tomemos nota - "Ante el fascismo, jueces valientes"
 
 Sí, están ahí y conviven con nosotros. Somos nosotros. Somos parte de la España que trata de emerger entre un constante manto de invisibilización mediática y paternalista indiferencia política. Juraría que todos los que por allí caminábamos a dos patitas teníamos algo en común y muy urgente que solucionar ; ni más ni menos que el control sobre nuestras condiciones de existencia, sobre nuestras vidas, ante la constante usurpación y desposesión de las misma por parte de intermediarios y poderes que nosotros, ni generamos, ni escogemos.
 
No sé qué opinarán ustedes, pero a esta comunidad de seres que se expresaron y caminaron pacífica y alegremente en esa horrorosa e impersonal capital de Estado llamada Madrid, con sus grandes rascacielos, sus enormes e impersonales avenidas, su sepulcral silencio nocturno tan solo acompasado por el rumor de las ruedas en el asfalto, sus mastodónticas torres que pavonean el omnipresente poder de sus entidades bancarias y financieras.. ; a esta comunidad de seres, digo, que por allí pasamos, solía llamársenos, antes, comunistas o anti-sistema, lo cual es un sentido común muy agradable al que agarrarse en tiempos tan, tan sombríos y violentos como los que estamos viviendo.
 
Cuando estos peligrosos anti-sistema marchan - marchamos -, siempre se nos espera con toda una extensa comitiva de policías y anti-disturbios. Y si al final de la manifestación hace falta armar algo de bronca para ofrecer el fácil y moralista morbo mediático en el telediario de las tres, cuando las familias se juntan a mentjar con sus hijos, pues se hace, y punto. Siempre será más fácil hacer énfasis en la violencia del disidente y anónimo ciudadano agredido que en la muy armada y profesionalizada violencia del agresor uniformado.



Tan solo cumplía órdenes, dijo Eichmann en su tiempo, para justificar la gestión de los crematorios judíos. Tan solo cumplo órdenes, se sigue diciendo ahora, para justificar violentas represiones en manifestaciones pacíficas y legalmente organizadas. -. La razón de estado sirve para todo. En este aspecto, tiene las mismas consecuencias que la obediencia ciega. 
 

Mientras tanto, esvásticas fascistas, cada vez con más frecuencia, amanecen en las sedes de los sindicatos y partidos comunistas en todo el estado. Mientras tanto, plataformas y partidos de extrema derecha se pavonean por las calles con un control policial mucho menos denso y más amable, y todo ello mientras gritan máximas cuyo supuesto valor, encaje constitucional o espíritu democrático es, no sólo dudoso, sino imposible.
 

 

Es entonces cuando caes en la cuenta de que en todos los países del mundo, por muy diferentes que puedan ser sus realidades y contextos, se repiten constantemente las mismas estructuras cognitivas y afectivas, las mismas pautas sociales de conducta, los mismos discursos, la misma soporífera doble moral : a las minorías - o mayorías - de extrema-derecha, incluso cuando se manifiestan con razones y formas totalmente incívicas, hay que cuidarlas y mimarlas o, como mucho, darles un teatralizado tirón de orejas desde los periódicos y medios audiovisuales. Al fin y al cabo, éstas son la expresión, física y espiritual, de lo único que puede encajar funcionalmente en las estructuras de una sociedad capitalista, si la cosa se pone muy fea.
 
Eso sí, a las minorías de izquierdas, y en concreto, a los comunistas más libertarios afines a los movimientos sociales, hay que recibirlos con una buena exhibición de anti-disturbios y con violencia correctiva a la mínima de cambio. Sus pensamientos y demandas son, al fin y al cabo, la expresión física y espiritual de lo que nunca podrá encajar funcionalmente en una sociedad capitalista.
 
Ya se sabe : es mejor, por conveniencia e interés, usar a tontos útiles, por muy brutos e ignorantes que puedan ser, que hacer caso a hombres justos y civilizados y permitirles que éstos practiquen sus principios en serio.
 
Al fascismo, mimos constitucionales. Al anti-capitalismo razonado, propositivo y organizado, estigmas morales y constitucionalistas. Esto, y no otra cosa, es lo que nos obligan respirar en el estado español a día de hoy. Dicho de un modo claro : una dictadura de mercado con aroma nacional-católico en permanente estado de excepción y violencia legalmente justificada.  
 
¿ Qué hacer ? : organizar la resistencia para recuperar la vida. Tanto dentro como fuera de España. 
 
¿Empezamos de nuevo?.