sábado, 1 de octubre de 2011

"La guerra de literaturas".





No aprendemos. A la eterna guerra lingüística e identitaria en España le añadimos, además, la guerra de literaturas. Me veo obligado a intervenir en esta guerra, pues mi intuición me dice que tantos productores de prejuicios y cosificaciones recíprocas, en el ecosistema cultural y mediático, pueden llegar a ser muy peligrosos.


Pienso en la recepción que pueden llegar a tener determinados discursos públicos y me entran verdaderos escalofríos. Tenemos que dejar a las nuevas generaciones reelaborar su propia discursividad cultural, política y existencial, sin imponerles interpretaciones unívocas salidas de la razón instrumental de la lucha política. O partimos de este punto o haremos del prejuicio, la ignorancia y el deseo de control toda una forma de vida.

El 24 de Abril, en Santiago, en la presentación de su última novela, Arturo Pérez Reverte hizo unas declaraciones que merecerían ser respondidas; con respeto, con prudencia, con rigor… y con honesta ecología mental. Las reacciones a sus afirmaciones, que oscilan entre la ridícula visceralidad patriotera sin argumentos y la simple verbalización de un desprecio personal, parten de la siguiente frase :

“Para mí no existe la literatura gallega, existe la literatura”

Me gustaría, pues, desde estas páginas, contestar a Arturo. Como Blas de Otero, pido la paz… y la palabra. 

Punto 1 : Don Arturo Pérez Reverte; la literatura gallega existe. Existe en tanto que forma de formas, y existe en tanto que textualidad viva, transfonteriza y cambiante, como la propia sociedad en la que moja sus raíces. La literatura gallega existe, también, en tanto que textualidad histórica, geográfica y cultural concreta. No existe ninguna literatura cuyo contenido no moje de los humanos, demasiado humanos, condicionantes espacio-temporales y culturales, del mismo modo que tampoco existen sujetos jurídicos y sujetos creadores que podamos desenvolver nuestra actividad desligados de un contexto que, diferenciándonos necesariamente, no nos separa en absoluto. La diferencia no es una frontera, es un hecho sociocultural desde el que el ser humano se proyecta en el mundo.

Punto 2 : Don Arturo Pérez Reverte, si no existen dos personas exactamente iguales en el mundo, y si la diversidad, no sólo entre colectivos, sino entre personas, es la ley de la tierra, como decía Hannah Arendt, ¿cómo se puede creer en estados, naciones o literaturas en tanto que formas abstractas y homogéneas, desligadas de la auténtica condición de las relaciones humanas? : el mestizaje. A día de hoy, la pretensión de universalidad debería partir de la diversidad como química creativa, precisamente porque la universalidad eurocéntrica e ilustrada se impuso por la fuerza de los ejércitos de sus estados y por la voracidad de su mercado… durante cinco, cinco siglos.

Punto 3 : A mi modo de ver, Don Arturo, los sujetos jurídicos no son sujetos des-lenguados, des-culturizados o ahistóricos. Los sujetos creadores, idem, no pueden crear en el vacío; así pues, las formas literarias no pueden existir, de ningún modo, como esfuerzo de la imaginación desvinculado de la propia lengua, cultura y contexto histórico en el que fueron creadas. Pretender ignorar la riqueza y la diversidad antropológica subyacente a un Estado, el español, que se construyó precisamente sobre la ignorancia de su propio ser antropológico, es pretender contar medias verdades al pueblo. Y lo mismo sucede con el hecho literario.

Punto 4 : Como usted, apuesto por no ponerle fronteras a la literatura. Como a usted, no me gusta la literatura como instrumento para crear denominación de orígen. El lugar de nacimiento, es cierto, no determina la propuesta estética de un escritor, pero la condiciona, del mismo modo que a usted cuando se documenta sobre determinados hechos históricos para hacer volar la imaginación, o cuando recurre a su propia memoria intra-histórica, llena de lugares, palabras, personas, calles, olores e imágenes.

Es fácil entender que la revolución irmandiña no ocurrió en Cádiz, tanto como entender que lo que usted llama la guerra de la independencia no ocurrió en Galicia del mismo modo que en otras geografías del estado español. Los imaginarios colectivos, tanto desde la literatura como desde las ciencias sociales, tienen coordenadas espacio-tiempo, y me temo que usted, como yo, no está por la labor de creer en lenguas adánicas que pre-existan a la aparición de los seres humanos en la tierra. La literatura, la historia, los imaginarios colectivos, en resumen, están necesariamente llenos de mierda y de gloria; en todo país existen documentos de cultura y documentos de barbarie. El fondo moral es el mismo, las escenas y los acontecimientos, necesariamente diferentes.

Punto 5 : La versión que usted cuenta sobre la guerra de la independencia, podrá ser rica a efectos mítico-alegóricos o literarios, pero es históricamente falsa. Roland Fraser, un historiador británico, deconstruye en La maldita guerra de España : historia social de la guerra de independencia, tanto la versión franquista de la guerra de la independencia, como una reacción a lo extranjero, como la versión liberal, presentada como una guerra que provocó la unidad fraguada en torno a la unidad de clases y grupos en un ideal patriótico. En este libro, Fraser focaliza su mirada en las clases populares, visualizando el hambre, el miedo constante, los robos, los saqueos y el profundo terror a todos los ejércitos -ya fuese el francés, el español o el británico- y a los bandidos que acechaban y robaban, muchas veces, bajo la apariencia de guerrillas. Fraser visualiza también la desconfianza de las clases ilustradas con respecto a las clases populares, en las que tenía que apoyarse por primera vez. Su recelo y el miedo a cederles parcelas de poder eran patentes.

Las metáforas pueden ser ricas, Don Arturo, a efectos poético-literarios, pero tomarlas como verdades, y verbalizarlas como tales en público, puede llegar a resultar muy peligroso. Lo que usted interpreta como la gran oportunidad para civilizar España y hacerla entrar en la modernidad, esconde e invisibiliza, no sé si por interés o por ignorancia, un verdadero documento de barbarie contra la dignidad humana. Mal punto de partida o mito fundacional propone usted para hacernos entrar en la modernidad.

Punto 6 : En lo que a mí respecta, hago mía la máxima de Aime Cesaire : La identidad es el arraigo, pero también el paso, paso universal. Lo hago desde Galicia como, el día de mañana, podría hacerlo desde Pekín.




Sin ánimo de ofender, reciba un cordial saludo desde el respeto personal que le tengo

No hay comentarios:

Publicar un comentario